Conocer bien la ciudad para poder ser ciudadano y ejercer la ciudadanía

 

Conocer bien la ciudad para poder ser ciudadano y ejercer la ciudadanía

Enrique E. Batista J., Ph. D.
https://paideianueva.blogspot.com/

Conocer la ciudad es condición esencial para ejercer la ciudadanía: conocerla en sus diversas dimensiones y facetas, y entender con claridad en qué consiste la ciudadanía y cuáles son las responsabilidades que ella implica para la persona misma, para los demás y para el medio cultural y natural en el que está inserta. También es necesario conocer y aprender en la ciudad, aprovechando que ella está llena de ambientes de aprendizaje. En la ciudad se vive, se aprende y se forman sus habitantes para la ciudadanía.

Todo estudiante y cada habitante, mediante procesos de educación formal e informal y de cultura ciudadana, tienen el deber y también el derecho de conocer su ciudad y de contribuir al progreso y a la sana convivencia dentro de ella. La ciudad es diversión, alegría y orgullo para el ciudadano que la preserva y cuida sus bienes materiales y espirituales. La ciudad es patrimonio de todos. Se aprende mediante estrategias como los diversos recorridos que en ella se pueden llevar a cabo, tal como ocurre en algunas ciudades, en especial, en las turísticas, aunque estas prácticas no deben estar restringidas a ellas. La ciudad no se aprende sentado en un banquillo escolar: se aprende mediante visitas guiadas y con objetivos claros en proyectos formativos escolares; se aprende en sus calles, plazas, parques, ríos, arroyos y playas; en sus museos, edificaciones históricas, iglesias, escenarios comerciales, culturales y deportivos; y mediante el conocimiento de su fauna y flora, sus ecosistemas y muchos elementos más.

Vivir en una ciudad puede convertirse en una hazaña de supervivencia. Las ciudades, en su complejidad, crecen de modo permanente. Más del 50% de la población mundial vive en las ciudades. A mediados de este siglo, esa proporción será del 70%; en ellas se genera más del 80% de la riqueza mundial y cerca del 90% de los empleos privados (https://tinyurl.com/4stzbuxh). Los campos se están quedando solos; los más jóvenes, en especial, emigran a un ritmo acelerado hacia las ciudades en búsqueda, como el coyote, de su fortuna.

Las ciudades en las que se ejerce la ciudadanía no son iguales; se agrupan en diversas categorías. Las más comunes se establecen según el número de habitantes y la densidad poblacional, es decir, el número de habitantes por kilómetro cuadrado. Sin embargo, hay ciudades que se identifican por su trayectoria histórica o por ser poseedoras de patrimonios de la humanidad. También están las ciudades metropolitanas, universitarias, religiosas, turísticas, comerciales, industriales, portuarias, tecnológicas y científicas, así como los distritos capitales. Las leyes de los países definen una ciudad a partir de un mínimo de 2.000 habitantes, aunque otras legislaciones sitúan ese límite en 20.000 (https://tinyurl.com/mr3uyzrv, https://tinyurl.com/49mmpdnr).

Se puede observar que, en general, no existen estrategias sociales y educativas para asegurar la comprensión de la ciudad ni la promoción del sentido y la significación de ser ciudadano y de poder ejercer la ciudadanía. Los habitantes de la ciudad, en su mayoría, la desconocen, la confunden y la identifican fundamentalmente con base en alguna de sus infraestructuras físicas más visibles; pero una ciudad para la ciudadanía tiene un contenido más social y más espiritual. No se puede lograr ser habitante de la ciudad, ser ciudadano y ejercer la ciudadanía sin conocer la ciudad. Es paradójico, especialmente en las ciudades turísticas, ver a los guías conduciendo a grupos de visitantes para que reconozcan la riqueza interior que encierra la ciudad, mientras los visitantes adquieren un conocimiento que el común de las personas desconoce.

La vida en el trajín cotidiano no da tiempo para conocer la ciudad; en las escuelas se presenta una oportunidad para que, mediante una formación intencionada y constante, los alumnos entiendan la ciudad, su historia, el medio en que viven y otro conjunto de factores que hacen posible su existencia, así como la presencia de multitud de problemas en campos como la salud, la educación, el deterioro ambiental, las infraestructuras físicas degradadas, la violencia, el desempleo y el subempleo, la carestía, el agrupamiento excesivo de personas por metro cuadrado, los servicios públicos inexistentes o muy costosos, los asentamientos urbanos subnormales y muchos otros.

La ciudad, como la cultura, es el resultado de una construcción colectiva que cubre a muchas generaciones. La palabra ciudad viene del latín «civis», de donde el ciudadano es un ser formado en la civilidad, en el civismo y en la cívica; no como resultado de una simple asignatura más, sino como un compromiso interiorizado para ser un buen ciudadano. El vocablo griego «polis» = ciudad recuerda que en ella sus habitantes gozan de determinados derechos; la política es el arte —o la dificultad— de gobernar una ciudad. De «civis» se derivó la palabra «civilización», con el significado inicial de asentamiento estable en una ciudad.

El estudiante de las instituciones educativas de todos los niveles aprenderá y ahondará en cómo ser ciudadano y en los modos de ejercer la ciudadanía. Al ciudadano bien formado le corresponde el pleno cuidado de los bienes inmateriales y materiales de la ciudad, que son de posesión colectiva y definen su identidad y su cultura, tales como las tradiciones orales, las costumbres, las variantes de la lengua, el arte, la literatura, los mitos, las leyendas, la historia, la música, la gastronomía, las artesanías, los festivales y las fiestas (https://tinyurl.com/yy29e4v4).

Como fines necesarios de la formación escolar —y de la cultura ciudadana para todas las edades—, corresponde que todos, de consuno, concurran, entre otras, a las acciones siguientes, agrupadas en cinco categorías:

1.       Historia, cultura y patrimonio local, que se refiere a los elementos relacionados con la identidad, el conocimiento del territorio y la valoración de las expresiones culturales y humanas: conocer la historia de la ciudad y la de su barrio; conocer la cultura sobre la cual fue creada y se sigue creando; valorar positivamente otras culturas y expresar reconocimiento a quienes se han destacado en diversos campos; conocer y respetar los símbolos propios —banderas e himno—, y manifestar respeto cuando se izan las banderas y cuando suena el himno.

2.       Medio ambiente, ecosistemas y sostenibilidad, que comprende los asuntos orientados al conocimiento del entorno natural, la protección de la biodiversidad y la mitigación de problemáticas ambientales: conocer los ecosistemas, las fuentes de agua y la flora y fauna nativas y migrantes; proteger la fauna autóctona, evitando introducir especies invasoras no nativas; identificar el deterioro ambiental —contaminación por gases, contaminación lumínica y contaminación acústica— y sus afectaciones a la salud humana, animal y vegetal; y reconocer problemáticas como la erosión, así como comprender el manejo de contingencias y desastres y las medidas para prevenirlos.

3.       Servicios públicos, bienestar y seguridad humana, que cubre los elementos enfocados en las infraestructuras de bienestar social, la salud pública y la prevención de riesgos: conocer, identificar y valorar los sistemas de educación y salud; conocer y emplear las posibilidades de recreación; conocer los riesgos que implica el consumo de drogas, y abordar la problemática de la drogadicción.

4.       Derechos, deberes, institucionalidad y legalidad, que se asocia a los componentes cívico-políticos relacionados con el marco legal, la participación democrática y el rechazo a la corrupción: asumir la pertenencia a la ciudad con orgullo, como patria chica; conocer y acatar los mandatos de la Constitución y las leyes, y emplear los recursos constitucionales para la protección del bien común; conocer las funciones de las autoridades, los jueces, los organismos estatales de control y los cuerpos colegiados elegidos popularmente; censurar y no tolerar la corrupción ni el desvío ilegal de dineros públicos; participar en elecciones limpias y democráticas, y priorizar el bien colectivo sobre el particular; defender la justicia y la libertad de opinión y de conciencia; establecer estrategias para fomentar una cultura de la legalidad, y participar en la organización política de la nación mediante el ejercicio pleno de los derechos y deberes.

5.       Convivencia ciudadana, paz y participación comunitaria, con los elementos orientados a la interacción social armónica, el respeto a la diversidad y la vinculación activa con la comunidad: fomentar y preservar la convivencia y la concordia; establecer modos pacíficos de solución de conflictos y conocer los contextos y factores que llevan a la violencia; colaborar con las autoridades en la prevención de delitos; evitar la discriminación o exclusión de personas pertenecientes a distintas etnias y de practicantes de diversas fes religiosas; acoger plenamente los manuales de convivencia escolar y los de las unidades residenciales; y participar en distintas organizaciones y proyectos comunitarios.

 

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