La trampa digital en los exámenes se vende y se compra abiertamente

 

La trampa digital en los exámenes se vende y se compra abiertamente

Enrique E. Batista J., Ph. D.

https://paideianueva.blogspot.com/

Vivimos en un mundo en donde cada vez existe menos espacio para la ética general y para la aplicación de sus principios, los cuales orientan las conductas morales apropiadas. Pero la ética parece que se ha enviado al cuarto de San Alejo. A veces pareciera que la ética es un asunto que se compra, que se puede aparentar o soslayar. Con pasmosa pasividad e impunidad se ha llegado a la tolerancia pasiva y silenciosa ante las cada vez más arrasadoras transgresiones morales a las que son inducidos, mediante el comercio abierto, niños y jóvenes.

Con acelerada frecuencia, la transgresión de los límites del debido comportamiento mediante el empleo de herramientas digitales es inducida en estudiantes y en personas que aspiran a cupos universitarios o a empleos en distintas organizaciones. Ya no sólo se trata del plagio de información cuando se hace uso de los chatbots de IA. Es eso y mucho más, lo cual apunta a unas deficiencias estructurales y sociales en los campos que exigen una formación ética.

Un caso reciente en una universidad colombiana (https://tinyurl.com/mshbmxf5) muestra que quienes aspiran a alcanzar niveles de especialización médica no necesariamente dejan visible y aplican su formación ética general y la médica en particular. Ocurrió que un gran número de los aspirantes usó dispositivos digitales para responder con trampa el examen; al ser detectados, el examen fue cancelado. Pero se conoce que tales estrategias perversas, que rompen con la objetividad de los procesos de selección, son objeto de abierto mercadeo en la Web. La ética desaparece y se reafirma el contravalor de algunos para quienes cualquier medio es legítimo para alcanzar metas personales, no importa si se les arruga hasta el alma y si pervierten la muy contraída, rugosa y lábil conciencia.

Cada vez son más refinados y mucho más difíciles de detectar los dispositivos digitales que pueden ser utilizados en exámenes de selección o en la misma cotidianidad de las escuelas, colegios o universidades. Será cada vez más difícil detectar no sólo un plagio en las examinaciones, sino la falsedad en las calificaciones y en las credenciales, títulos o certificaciones obtenidas. Para los exámenes que se realizan en todo un país, que simultáneamente se aplican a millones de alumnos (casos de China y del Reino Unido), y en algunas pruebas internacionales, no habrá manera efectiva de que se pueda chequear cada sitio de examinación para detectar el uso de tales dispositivos.

Ante tales hechos y circunstancias, resulta difícil el blindaje contra todas las formas posibles de fraude digital en cada uno de los espacios en ciudades y países que simultáneamente apliquen una determinada prueba para cualquier propósito académico o laboral. El asunto, sin embargo, va más allá de contratar espías humanos o humanoides, o contraatacar con dispositivos de detección de adminículos digitales diversos en las salas de examinación, por la imposibilidad física de hacerlo, ya sea que la aplicación del examen sea masiva y dispersa en varias sedes o en grupos pequeños en una escuela.

No cabe muy bien que al rol esencial de los maestros se agregue ahora el de supervisión con detectores digitales de dispositivos para revelar modalidades de fraudes digitales en los exámenes; en esta época de avances informáticos cotidianos siempre existirán nuevos dispositivos no detectables o modos de bloquear al dispositivo detector. Es y será un juego de: «A que te cojo, ratón», cuando el ratón y sus asesores tecnológicos son más ágiles y maliciosos que el rastreador y mal cualificado husmeante gato. Con frecuencia, las soluciones llegan cuando ya existen otros dispositivos que anulan el efecto de vigilancia, lo que implica necesidades adicionales —como si no faltaran muchas— de convertir los procesos de examinación en instancias de vigilancia electrónica, lejos de las funciones esenciales de la escuela (https://tinyurl.com/52h4a47f).

Se presenta un reto para proteger la integridad de muchos procesos educativos clave. Los dispositivos digitales más frecuentes incluyen las tecnologías para llevar puesto (wearables) y algunos tomados del mundo de los espías, apoyados ahora también por herramientas de tecnología de IA. Entre ellas se encuentran: cámaras adosadas a los botones de la ropa que transmiten el examen hacia el exterior; bolígrafos con pantallas ocultas que almacenan apuntes en su memoria interna; calculadoras con chat, textos y botón de emergencia; los llamados mini pinganillos, tomados del campo de la televisión, de la policía y de espías, que son dispositivos en extremo pequeños que, introducidos profundamente en los oídos, son difíciles de detectar.

A los anteriores se agregan los relojes inteligentes que permiten almacenar o leer archivos que pueden ser ocultados con el botón de emergencia si los maestros se acercan a inspeccionarlos; también están las cada vez más livianas gafas inteligentes que permiten transmitir las preguntas a un modelo de lenguaje de IA conectado, lo que genera con inmediatez las respuestas que se muestran en los lentes (https://tinyurl.com/4j2hbpf3). En China, al examen para el ingreso anual de los estudiantes a la universidad se presentan cerca de 10 millones de aspirantes; allí se exige la revisión de todas las gafas.

Como se observa, para contrarrestar el uso de dispositivos como los mencionados, se recurre a la prohibición de estos y al uso de detectores de radiofrecuencia; estos crean un problema, ya que pueden contribuir a la intromisión en la vida privada y a generar consecuencias de tipo legal. Su presencia y uso deben ser informados previamente. El proceso requiere el empleo adicional de mucho dinero y tiempo, además del posible consentimiento de quien pueda ser revisado (https://tinyurl.com/3th9thb7, https://tinyurl.com/ycyxhnyc, https://tinyurl.com/2ywrfd3v). Estos dispositivos se encuentran disponibles para venta libre en Internet, con nombres como Reloj Exámenes, Reloj SOS o Reloj Chuleta Online. Amazon solía anunciarlos con la afirmación: «Están diseñados específicamente para hacer trampa en los exámenes» (https://tinyurl.com/5c75m498).

La tentación la pintan calva, por lo que la facilidad de adquisición de esos dispositivos inteligentes puede inducir a una generalizada tentación de cometer trampas en los exámenes, especialmente porque se venden de manera abierta y son de fácil consecución. Es un mercado terríficamente creciente (https://tinyurl.com/bde3p8bv, https://tinyurl.com/4vkcxaex).

Es la abierta entronización y globalización de la sociedad de la trampa y del engaño comercializado. La moral no importa; las ganancias sí. Su popularidad ha sido tan grande que incluso existen sitios web que sólo se dedican a venderlos. Se pervierte la sanidad de los procesos formativos escolares; se forma, desformando el carácter, en la trampa, el engaño y en la cultura de la ilegalidad como medio para alcanzar determinados fines egoístas y personales. Los estudiantes (y algunos médicos para exámenes de admisión a sus especializaciones), para desconsuelo de todos, podrán decir: «No importa aprender, si las tecnologías digitales eliminan la necesidad y avalan la ignorancia de los debidos y necesarios aprendizajes»; pero, a la vez, se derrotan los fines formativos esenciales, la moral (y la ética profesional). Entonces, dirán muchos con desconsuelo, con frustración o con ironía: «¿Para qué estudiar?».

El maestro ahora se ha convertido en una especie de agente de contraespionaje (tal vez mejor, de contrainteligencia) que con detectores de radiofrecuencia recibe una señal vibratoria cuando hay alguna transmisión activa de datos. La sola lectura en un reloj o un bolígrafo que no emite ondas no será localizada por el detector. Y existirán los falsos positivos por interferencias con antenas de telefonía, enrutadores wifi de la propia institución, señales 4G o 5G, sistemas de domótica, transformadores eléctricos y los mismos dispositivos de los maestros o vigilantes, como teléfonos móviles y relojes inteligentes, lo cual causará demoras y notoria impaciencia en los estudiantes.

El fraude digital en procesos de selección mediante concursos laborales, exámenes escolares o de admisión a instituciones educativas no se evita sólo con supervisión de tipo policíaco, con los códigos civil y penal en la mano y con manuales de manejo de detectores de radiofrecuencia, sino con procesos fundados de formación escolar y ciudadana; asunto que, ante la avasalladora presencia de delitos y trasgresiones a la ley penal y a la moral, se ha complicado debido a la generalización de tales conductas punibles, que incluso son reconocidas y validadas socialmente como «actos de inteligencia», de viveza o de forzosa necesidad para alcanzar, por caminos torcidos, determinadas metas personales, sin importar las consecuencias o efectos en muchas otras personas.

Hoy es claro que se ha creado una situación de alta vulnerabilidad sobre las credenciales académicas que exhibe una persona, que puede ser un estudiante de primaria o de bachillerato, o aspirantes a cupos universitarios, incluidos los programas de posgrado de alta deseabilidad profesional, como es el caso de las especializaciones médicas

 

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