Fin Esencial de la Escuela: Formar en las Virtudes Humanas y en el Criterio Moral
Fin
Esencial de la Escuela: Formar en las Virtudes Humanas y en el Criterio Moral
Enrique
E. Batista J., Ph. D.
https://paideianueva.blogspot.com/
«Sé
sabio para decidir, valiente para actuar, moderado para no destruirte, justo
para vivir con los demás». – De la filosofía estoica.
Entre
los fines fundamentales de la educación están la formación de seres virtuosos y
la promoción y acentuación del criterio moral de cada alumno y de los
ciudadanos en general. Del conjunto de las virtudes humanas depende el éxito de
los esfuerzos para alcanzar la felicidad, el afianzamiento de la libertad, la
paz entre los seres humanos y naciones y la armonía de estos con la naturaleza
y con las formas de gobierno que promueven el bienestar común y la mutua
cooperación. Con reiteración, adquiere la educación como una de sus tareas
esenciales formar seres virtuosos, ajenos a defectos y a diatribas que sólo
perturban el mejorestar y el progreso colectivo.
Desde
la filosofía, la teología, las teorías sociales y la filosofía de la educación,
la formación en las virtudes ha sido una consideración permanente. Así, para
Sócrates la virtud esencial de una persona era la sabiduría; otros
comportamientos contrarios al bien común son propios de seres ignorantes; de
ese modo, el conocimiento orienta a los humanos a obrar acorde con los
dictámenes de la moral. Platón fue más allá de la sabiduría, ya que un hombre
sapiente no es necesariamente virtuoso; debe vivir y actuar con justa armonía
con las cuatro virtudes fundamentales: prudencia, justicia, fortaleza y
templanza (o moderación). (https://tinyurl.com/5ajw5x2v).
Estas
cuatro virtudes se definen así: prudencia, para Platón era la virtud de la
razón; representa la sabiduría como atributo esencial para discernir sobre el
bien y el mal y orientar las buenas costumbres y comportamientos. Para
Aristóteles, no puede existir un ser virtuoso sin ella. La justicia, como
virtud, focaliza el comportamiento humano para otorgar a cada uno lo que le
atañe por derecho, lejos de provechos personales y de emociones inadecuadas;
con ella se busca garantizar el vivir y convivir conforme a las leyes y las
normas morales, manteniendo el bien común. Tanto para Platón como para
Aristóteles esta virtud es la más transcendental, porque con base en ella se
rigen las otras tres. La fortaleza se refiere a los impulsos y desafíos vitales
que, guiados por la razón, permiten superar celos, miedos y retos para poder
alcanzar supremos fines humanos y poder así resistir infortunios, desdichas y
reveses; mediante ella, es posible superar la adversidad. La templanza o
moderación es la virtud que habilita a las personas para construir y cimentar
resistencias frente a placeres y codicias de posesiones materiales; asimismo,
permite ejercer control sobre placeres desbocados, libertinos y contrarios a la
moral. (https://tinyurl.com/n573d2v6).
Siguiendo
a Aristóteles, no se nace repleto de virtudes; nadie es virtuoso por
nacimiento; las personas se forman en las virtudes; de ahí que sean necesarias
en los procesos formativos escolares; ningún sistema educativo puede ignorarlas
en los fines esenciales de la escuela. Dijo este filósofo: «La razón es que la
prudencia incluye un conocimiento de hechos particulares, y esto se deriva de la
experiencia, la cual un hombre joven no posee; la experiencia es el fruto de
los años». (https://tinyurl.com/6s3pth87).
Es preciso, entonces, ser: sabio (prudencia), moderado (templanza), justo
(justicia) y valiente (fortaleza). (https://tinyurl.com/mr2anvve).
En
la Edad Media estas virtudes, las que Platón denominó como esenciales, fueron
llamadas «virtudes cardinales», del latín «cardo», que significa bisagra
o eje, con el alcance de que alrededor de ellas descansa y gira toda la vida
moral humana. Desde un enfoque teológico, a estas virtudes se agregaron, con
Santo Tomás de Aquino y San Agustín, otras denominadas «virtudes teologales»:
fe, esperanza y caridad, bajo el argumento de que para el hombre no bastan las
«virtudes cardinales». Las tres teologales, según Santo Tomás, vienen de
Dios, siendo la caridad (o amor profundo) la más crucial e importante de las
tres. Las que adquieren y desarrollan los hombres pueden ser intelectuales o
morales. (https://tinyurl.com/4uc78um3).
Desde la fe cristiana, no se desechan las cuatro virtudes cardinales; ellas se
complementan con las teologales. Las cuatro cardinales, independientemente de
la fe religiosa, pueden ser practicadas por cualquier persona; en ellas se
encarna y se da basamento a la moral natural. (https://tinyurl.com/66wkth9p).
Para
formar a las nuevas generaciones en las virtudes, como seres con carácter, el
educador debe abundar a plenitud en las virtudes cardinales. Así lo han
destacado los grandes pedagogos a lo largo de la historia. Ellas concurren en
la relación pedagógica, llegan a ser comunes entre maestro y alumno con plena
vivencia en la sociedad en la cual unos y otros están inmersos. También se
deriva de ahí que a las instituciones que forman a los maestros les corresponde
enfatizar las virtudes humanas que por más de dos mil años filósofos, teóricos
sociales y religiosos y pensadores de la pedagogía han concurrido de manera
consensuada como elementos esenciales para la formación de esas nuevas
generaciones. (https://tinyurl.com/y67f8j3s).
Para
los grandes pensadores de la pedagogía ha sido un clamor permanente la
presencia de la formación escolar de las virtudes humanas; ellas han mantenido,
y deben mantener, su presencia y vigencia en los fines esenciales en la
educación. Algunos de esos grandes pedagogos han enfatizado a la vez el
componente religioso, mientras que otros han avanzado una posición más laica.
Comenio presentó cualidades esenciales de preparación para la vida con una
visión cristiana centrada en los pilares de piedad, virtud y saber. (https://tinyurl.com/ydnd2vu9).
Juan Luis Vives, por su parte, enfatizó la virtud como la meta suprema y fin
último de la educación, acompañada de los procesos de formación para que los
alumnos adquieran conocimientos, hablen y actúen bien. (https://tinyurl.com/3p9cwbvk).
Desde Platón ha estado presente la tan mencionada formación integral de los
alumnos; o sea, en los componentes intelectual, moral, social, psicológico,
cívico y físico. Formar personas buenas pone el foco, según distintos
pedagogos, en la moral como el centro. (https://tinyurl.com/h6kr7wwm).
En
María Montessori, las virtudes se aprenden no con lecciones, prédicas o
discursos morales abstractos; se facilita su aprendizaje creando ambientes
escolares que promuevan la autonomía, el orden, la concentración y la
participación del alumno. Para John Dewey, las virtudes son hábitos o patrones
de conducta que se reflejan, dada la participación democrática de los
estudiantes, en comportamientos socialmente útiles que se consolidan con el
análisis de problemas de la vida real. (https://tinyurl.com/8nkyryp3).
En cuanto a Bertrand Russell, este planteó la formación del carácter centrada
en cuatro características básicas, reminiscentes de las virtudes cardinales:
vitalidad, valor (coraje), sensibilidad (amor) e inteligencia. La educación
debe, en su concepto, centrarse a la vez en la formación tanto en el carácter
como en la inteligencia.
Para
William James, las virtudes son hábitos focalizados u orientados hacia la
realización del bien. Las virtudes son hábitos o destrezas adquiridas o
consolidadas mediante la experiencia. En consecuencia, la educación permite
consolidar hábitos de conducta que sean útiles y protejan a los alumnos de
prácticas perjudiciales. El maestro y el alumno no deben recibir nada sin
reaccionar mediante análisis crítico; para el maestro esa es una de sus
máximas; para el alumno, lo que pase por sus ojos y oídos sin modificación
activa es una caída al vacío. (https://tinyurl.com/3tjd9ph9).
Todos
los pensadores anteriores propusieron la promoción de virtudes intelectuales
necesarias para el conocimiento, entre ellas: fortaleza de carácter,
inteligencia, paciencia, buen juicio, apertura mental, laboriosidad,
curiosidad, concentración, honradez, responsabilidad y espíritu de libertad. (https://tinyurl.com/55bxd7xm).
En
conjunto, el pensamiento de grandes pedagogos resalta que la educación no es
sólo «transmisión» (sic) de conocimientos, sino formación del carácter que
incluye conocimientos y claridad comunicativa. En el lenguaje pedagógico se han
enfatizado, además de las virtudes cardinales mencionadas (prudencia, justicia,
templanza y fortaleza): amor, piedad, promoción del bien común, paciencia,
confianza, coherencia, vida ejemplar, formación cívica para la vida, la
sociedad, para el trabajo y para la ciudadanía. (https://tinyurl.com/ydnd2vu9, https://tinyurl.com/3p9cwbvk).
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