Vivir y Crecer en Ciudades Inhabitables e Inhóspitas
Vivir y
Crecer en Ciudades Inhabitables e Inhóspitas
Enrique E.
Batista J., Ph. D.
https://paideianueva.blogspot.com/
Las
ciudades se han vuelto invivibles. Los niños, las niñas y las nuevas
generaciones son citadinos. Ellos tienen que aprender que la ciudad es un
espacio de todos para compartir y para vivir con seguridad y fraternal
convivencia. La ciudad es de todos los ciudadanos y, por lo tanto, se
constituye en un bien supremo, un bien común que debe ser cuidado y preservado.
Ellos deben también aprender que a la ciudad no le debe caber el adjetivo de
inhabitable porque, con algo de pensamiento circular, la ciudad es para ser
habitada, para ser construida, para ser preservada y para hacer valer su
historia y la cultura creada en ella. Asimismo, deben conocer que en la ciudad
se aprende a ser ciudadano; la ciudadanía es condición esencial para tener
ciudades sanas y habitables. Esas son parte de las metas que se precisa
fomentar entre las nuevas generaciones. Las ciudades tienen historia,
construida por seres humanos, por eso ellas pertenecen a todos y son patrimonio
común.
Habitar,
por etimología, es vivir, es tener, retener o poseer un espacio habitual como
propio. La vida urbana, cada vez más, se puede calificar como inhóspita; ha
sido, y resulta difícil ya construir o reconstruir una ciudad como hospitalaria
y generosa para la vida. Habitar en la ciudad con frecuencia es el resultado de
migraciones, consideradas como un refugio, huyendo de otros males; pero ellas
no tienen la condición de ser recintos llenos de hospicios, ni tampoco
auspiciadoras de un futuro mejor. La migración desde los campos a las agrestes
concentraciones urbanas no ofrece a los migrantes un refugio sano, saludable y
seguro. Las ciudades se han tornado inhabitables para todos.
Distintas
organizaciones en el mundo publican anualmente rankings de la más diversa
índole. En esos rankings siempre hay dimensiones, factores o variables ocultas
que no se tienen en cuenta en su elaboración. Parecen hechos como en sastrería,
a la medida y talla de ciertos países, en ciertas regiones del mundo. Con
frecuencia, año tras año, el ordenamiento resultante es el mismo con muy
ligeras variaciones. No mucha importancia representa su repetición anual. En
psicología, seguramente lo llamaría compulsión a la repetición la realización.
En el caso
del ranking de ciudades, se dejan por fuera factores, indicadores y
consideraciones esenciales sobre la vida en las ciudades. De tal modo, no es de
extrañar que en los índices de habitabilidad de ciudades se encuentren en los
primeros y últimos lugares unas muy bien reconocidas por características
específicas e internas, y las otras por devastadores fenómenos naturales,
posición geográfica y también por guerras. Muchas otras ciudades están
construidas sobre ambientes que son improductivos, carentes de recursos
naturales suficientes para ofrecer calidad de vida y garantizar habitabilidad.
Pero la
habitabilidad de una ciudad está ligada a factores históricos que condicionan
la calidad de vida de sus habitantes. Por lo tanto, figurar alto en un índice
de habitabilidad no debe excusar hechos relevantes derivados de antecedentes
históricos como el colonialismo, el arrasamiento de los recursos naturales de
pueblos o naciones dominadas, que precisamente permitieron mejorar la calidad
de vida en la metrópoli con acentuación de la pobreza en las naciones dominadas
y vaciadas de sus recursos naturales renovables o no.
Es decir,
un índice de habitabilidad tiene que reconocer los factores históricos que
permitieron el mejoramiento o desmejoramiento de la calidad de vida de la
mayoría. No pueden los índices esconder que algunas de las ciudades mejor
posicionadas son paraísos fiscales donde se depositan recursos públicos
extraídos mediante corrupción de otros países de menor desarrollo; también son
recipientes cómplices del producto de las ganancias del tráfico de drogas y del
trabajo esclavo o de la muy mala remuneración.
A ello se
agrega también el uso de trabajo esclavo de inmigrantes y desplazados. Tampoco
puede ser ignorado el hecho de que la riqueza asociada a las variables con las
cuales se construyen los índices corresponde a países que, con alta huella de
carbono, asociada a su producción industrial y también a la digital,
contribuyen al calentamiento global, a afectar los diversos ecosistemas, los
recursos hídricos y la calidad de los suelos, a desmejorar la calidad de vida
de los habitantes de esas ciudades, pero también la de todo el mundo.
Entonces,
se da una inhabitabilidad inducida en muchas ciudades del mundo. Es decir, los
índices no reflejan necesariamente una bondad de las ciudades mejores
rankeadas, sino que son un reflejo de lo que históricamente han hecho en el
pasado, y en el presente, para adelantar la financiación de sus políticas
públicas que llevan a incrementar la satisfacción de los criterios de
habitabilidad, como en el índice de la «Economist Intelligence Unit» (https://tinyurl.com/56zm6zbx).
En julio de
2026 la «Economist Intelligence Unit» publicó su «Liveability Index»,
un índice anual sobre la habitabilidad relativa de 173 ciudades en el mundo;
señala la organización que el índice produce información fiable con datos
poderosos para la relativa habitabilidad de esas ciudades con base en la cual
las organizaciones pueden tomar decisiones más fundamentadas sobre movilidad,
inversión y localización estratégica, así como la mitigación de los riesgos de
las operaciones económicas de las diversas organizaciones. Se entiende que,
siendo de una empresa centrada en la economía, esas puedan ser las intenciones
fundamentales que tiene el índice. Sin embargo, en la web de la organización se
lee que el índice identifica las ciudades con la mejor calidad de vida (https://tinyurl.com/56zm6zbx, https://tinyurl.com/4ybbn7k7, https://tinyurl.com/wum5tbfb).
El índice
se construye a partir de cinco componentes, con indicadores internos no muy
consistentes con la respectiva categoría como se puede observar a continuación:
Estabilidad, con un peso del 25 % del total, tiene como indicadores la
prevalencia de criminalidad, amenazas terroristas, conflicto armado y
desórdenes civiles. Cultura y Medio Ambiente, con un peso del 25 %,
incluye como indicadores la humedad, temperatura, nivel de corrupción,
restricciones religiosas, censura, disponibilidad deportiva y de actividades
culturales, alimentos y bebidas, e ítems de consumo y de servicios. Educación,
con un peso de sólo el 10 %, incluye los indicadores de disponibilidad de
educación privada y de calidad de esa educación privada, y los indicadores de
educación pública que emplea el Banco Mundial. No se hace evidente por qué se
enfatiza el sector privado, ni por qué la categoría tiene un peso muy reducido,
cuando la educación es un factor de creación de riqueza, de movilización
positiva de la economía y de construcción de comunidades habitables.
Salud, con un peso del 20 %: se toman como
indicadores la disponibilidad de servicios de salud privados y su calidad, la
existencia de servicios de salud pública y la calidad de estos, el acceso a
medicamentos de venta libre, y los indicadores de salud adoptados por el Banco
Mundial. Infraestructura, con un peso del 20 %; sus indicadores son:
calidad de las vías, calidad del transporte público, calidad de las conexiones
internacionales, disponibilidad de viviendas de calidad, calidad en el
suministro de energía y de agua, y calidad en las telecomunicaciones.
El ranking
muestra un predominio de las ciudades europeas; entre las 10 primeras están:
Copenhague, Viena, Melbourne, Sídney, Zúrich, Ginebra, Osaka, Adelaida,
Vancouver y Tokio. Vancouver es la primera en las Américas; Nueva York ocupa el
puesto 66. No se puede extrañar que ciudades abatidas por las guerras o la
pobreza estén entre las últimas diez: así, Teherán, Harare (en Zimbabue), Kiev,
Port Moresby (en Papúa Nueva Guinea), Lagos (en Nigeria), Karachi (en
Pakistán), Daca (en Bangladés), Trípoli (en Libia) y Damasco (en Siria).
No tiene
mucha gracia un posicionamiento alto si cada vez los ciudadanos encuentran más
difícil llevar una vida saludable en las ciudades con atascos de tránsito y
contaminación ambiental que afecta y mata a un número considerable de personas
cada año. Puede ranquearse la habitabilidad, pero no desconocerse que se vive
con una habitabilidad inhóspita en medio de la insanidad global consentida. Se
requiere aprender y desarrollar habilidades especiales para vivir en ellas (en
inglés precisamente liveability, en traducción literal es habilidad para
vivir).
Entonces,
no basta ranquear a las ciudades, porque la habitabilidad es un derecho, porque
habitar es vivir —como se anotó—, estrechamente ligada a varios derechos
fundamentales, empezando por los derechos a la vida, a la salud y a un medio
ambiente saludable. Pero todos pueden reconocer que las ciudades en el mundo,
en sus diversas condiciones y clasificaciones, no son, ni lo fueron en sus
orígenes, conducentes a condiciones de vida favorables. La inhabitabilidad es
una condición creciente en todos los lugares del mundo.
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