Divulgadores del conocimiento: Diseminadores de lo creado, lo investigado y lo producido

 

Divulgadores del conocimiento: Diseminadores de lo creado, lo investigado y lo producido

Enrique E. Batista J., Ph. D.

https://paideianueva.blogspot.com/

El investigador científico, el inventor de artefactos, el forjador de artes, quienes escriben canciones, versos y otras producciones literarias crean para una determinada audiencia. Ponen fuera de sí el producto de sus emociones, de sus hipótesis o concepciones del mundo, de la vida, de la sociedad, y del ser que cada uno es. Es así porque la producción del espíritu y de la inteligencia humanas se suscita para ser compartida; su posesión es colectiva, aunque tenga origen en un solo sujeto humano. No es dable encontrar una producción intelectual estrictamente individual y que no tenga la intención de ser compartida. Así, no existe conocimiento privado.

La naturaleza de los emprendimientos creativos humanos contiene la rúbrica del compartir lo creado, lo investigado, lo producido. No hay conocimiento personal o exclusivo; toda producción intelectual tiene antecedentes en desarrollos, creaciones, postulados, teorías o ideas lejanas en el tiempo o recientes. Por ello, la innovación siempre es un avance sobre lo ya creado; es una constante el surgimiento, validación o sustitución de hipótesis y de teorías; en otros campos existen y se reconstruyen las escuelas literarias y las vertientes pedagógicas.

Este mandato social está en la mente del científico, del creador de artefactos, del literato, del poeta y del amante enternecido que escribe notas sentidas para su amor lejano o perdido. Siempre existe una meta más allá que crear o escribir para sí mismo, lo cual no sólo reflejaría un raro narcisismo, sino, en esencia, una pérdida de humanidad.

No se crea, se innova o se escribe en un cuarto oscuro y blindado para que nadie pueda husmear la producción final, la que, como se indicó, no puede concebirse como de valía estrictamente individual. El cuarto oscuro del fotógrafo acaba en un revelado, exactamente eso, una revelación, que se logra para el conocimiento y aprecio de muchos.

La producción humana en ciencia, tecnología y artes tiene una función esencial que consiste en contribuir de modo continuo a mejorar las condiciones de vida de todos los seres humanos y de las demás especies vivas en el reino animal. Para el efecto, los humanos crearon los medios de comunicación, apoyados a lo largo de la historia precisamente por muy diversos desarrollos científicos y tecnológicos: la escritura, la imprenta, los textos, la fotografía, la pintura, la radio, la televisión, Internet y, más recientemente, las redes sociales.

Se precisa agregar la poesía y los cantos que en sus orígenes se crearon para difundir hechos, realizaciones y ser portadores de noticias. Existen los creadores literarios, quienes en unos pocos versos divulgan a sus audiencias ideas, sentimientos, oraciones, historias para que sean conocidas y claras lecciones de vida, mediante abundantes figuras literarias, tales como la metáfora, la personificación, el símil, la antítesis, la sinestesia y la prosopopeya; bardos que pincelan, como en la canción «El Pintor», la dulzura, pintan negra la tristeza, emplean la acuarela del dolor, dibujan la nostalgia, pintan al óleo el amor, y hasta, como el poeta cantor que, siendo ciego, pinta lo que no ve y aun así puede percibir la sonrisa de la sabana. (La canción puede escucharse aquí: https://tinyurl.com/5ej48sys).

No existe vida humana sin ciencia, ni desarrollo tecnológico que la promueva, y tampoco producción literaria que no se comparta para el goce o disfrute de otros. En variedad de contextos y circunstancias, la creación tiene como fin la aplicación para mejorar o combatir males en los humanos o en la naturaleza. En estos casos prima con mayor intensidad la consideración de divulgación y de propiedad colectiva universal. Todo ser humano tiene el derecho de divulgar sus pensamientos, propuestas, ideas y creaciones. Y también el deber de comunicar con claridad la creación que pueda ser sometida a verificación o contrastación de su certeza y de posibles beneficios, desventajas o efectos secundarios dañinos.

En sus esfuerzos el creador no está solo; tiene la compañía de los divulgadores de conocimientos. Son personas intelectuales capaces de comunicar a la sociedad en general el significado de distintos productos o creaciones especializadas. El divulgador es un puente necesario entre la producción y el habitante común y corriente, quien no es, ni tiene que serlo, especialista en tan distintos campos, pero que requiere, y tiene el derecho, de entenderlos para alcanzar una mejor comprensión del mundo en el que vive. No es un asunto de resúmenes esotéricos para especialistas, sino de facilitar a todos la comprensión de las realidades cotidianas. El propósito central es «divulgar el conocimiento que se hace bajo nuestros pies». (https://tinyurl.com/y5w9adb6).

Entre el ciudadano de a pie y el creador de los conocimientos existe ese divulgador como enlace fundamental para la apropiación colectiva de ciencias, tecnologías, arte, literatura y otras producciones humanas; el divulgador pone especial énfasis en las implicaciones ambientales, sociales y éticas de las distintas clases de desarrollos, incluidas teorías sociales y avances legislativos. Esos fueron, y han sido, los designios que, como divulgadores de conocimientos, asumieron Galileo Galilei, Stephen Hawking, Isaac Asimov, Michio Kaku, Amós Comenio, John Dewey, María Montessori, William James, Neil deGrasse Tyson, David Attenborough y Jacques Cousteau. También tienen presencia divulgadores en el campo de las creencias religiosas cuyo trabajo ha producido reconocidos efectos en la evolución de las sociedades; es el caso de los apóstoles divulgadores del pensamiento cristiano y de los actuales evangelizadores.

Conviene enfatizar que tanto la comunicación científica, la tecnológica, la literaria o de otra índole están regidas por claros criterios éticos. Es decir, la eticidad está involucrada particularmente en las producciones humanas y en su divulgación. La eticidad preexiste al autor y al producto; ella fundamenta y rige el proceso creativo. Antecede a la creación la previsión de posibles resultados que, en sus aplicaciones, puedan ser perturbadoras o dañinas para las personas, la sociedad o la naturaleza. Publicar, diseminar y divulgar conocimientos es una decisión ética; por ello, se recuerda que el autor debe poseer integridad moral.

Especial mención sobre este componente ético debe hacerse de los maestros en la medida en que ellos son divulgadores de ciencias (incluidas las humanas), de aplicaciones tecnológicas, de artes, de culturas, de ideas y de teorías. En la labor del maestro está la base de la formación de los creadores en los diversos campos de la actividad humana; esta es parte de la valía insustituible de su rol social. En cuanto a divulgador de conocimientos, el maestro satisface los criterios para serlo de manera efectiva: buen comunicador con respecto a su audiencia (incluidos los medios digitales), posee conocimiento fundado de las áreas de enseñanza, tiene pensamiento crítico y habilidades comunicativas sólidas y las promueve entre sus alumnos; tiene las habilidades para explicar conceptos complejos, a la vez que estimula una comprensión más allá de lo literal; motiva a los alumnos para acceder a información precisa y veraz; forma para que entiendan qué es la desinformación y fomenta el descubrimiento temprano de talentos en los más diversos campos de la creación humana. (https://tinyurl.com/aev8jnux). Por ello, el maestro es, a la vez, diseminador y sembrador.

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Llegaron los Carnavales: Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

Estrategias de Aprendizaje STEAMS para un Nuevo Modelo Educativo

¡Violencia, Maldita Violencia!