Aprender con los cuatro sentidos de la escritura
Aprender con los cuatro sentidos de la
escritura
Enrique E.
Batista J., Ph. D.
https://paideianueva.blogspot.com/
«La letra enseña los hechos (lo literal], la
alegoría lo que has de creer (la fe o lo metafórico), la moral, lo que has de
hacer (la conducta, lo ético), y la anagogía hacia dónde trascender (lo
espiritual, lo divino).» - Agustín de Dacia
Si fuésemos una especie ágrafa,
es decir sin escritura seríamos entes vivos con habilidades cercanas a la
simple supervivencia. Somos lo que escribimos y leemos. Por ello, una de las
tareas iniciales y fundamentales de la escuela es promover las habilidades
asociadas a la escritura y la lectura.
En la escritura se encuentra la identidad como especie humana y la plena
formación de comunidades inteligentes.
Una variedad amplia
artículos en el mundo señalan las dificultades que los estudiantes, y las
personas en general, tienen para comprender lo que leen y que, como
consecuencia, manifiestan muchas dificultades para poder comunicar por escrito (y
ahora también en los formatos digitales) sus propias ideas, pensamientos,
sentimientos y las peticiones formales que puedan tener. Se ha resaltado que un
porcentaje alto de los estudiantes solo alcanzan el nivel de comprensión
literal; es decir, no van más allá de lo que efectivamente está escrito, sin
que puedan inferir o reelaborar lo que leen y, menos, asumir una posición
crítica o de reelaboración de lo leído.
En las religiones
monoteístas, los correspondientes libros sagrados constituyeron la base para la
formación en la lectura, más allá de lo literal para poder asimilar la
orientación y la significación ética y teológica que contienen. Particularmente,
en las comunidades Protestantes la educación en el hogar y en las escuelas
dominicales, el aprendizaje de la lectura se ha apoyado en la Biblia. En la Iglesia
Católica ha predominado la idea de que la Biblia no está sujeta a la libre de
interpretación de cada persona; cualquier reflexión particular que se aparte
del saber verdadero podría ser considerado como impía.
Se puede recordar que
existió el denominado «Índice», en el cual se listaban los textos que
eran valorados como contrarios a la fe católica. O sea, que al publicar un
libro con pensamiento autónomo se corría el riesgo de ser perseguido y
condenado. Es evidente que tal situación
produjo formas de aprendizaje escolar centrados en la comprensión literal; ir más
allá requería la intervención de alguien que pudiese explicar el sentido de lo
escrito, con secuelas de simple memorización literal de textos tal como se
observa hoy todavía en las escuelas.
En la Edad Media, Agustín
de Dacia formuló la doctrina conocida como «Los Cuatro Sentidos de la
Escritura» (esta última palabra con mayúscula, referida a la Biblia). Se
expresa en el «Catecismo de la Iglesia Católica» que
en la lectura de la Escritura se pueden distinguir dos sentidos: el
literal y el espiritual; este último es subdividido en alegórico, moral y
anagógico. El alegórico (comprensión más
profunda), el moral (orientación para un justo
obrar), el anagógico (aquello a lo que se debe tender); esos tres, con el sentido literal, formaron los «Cuatro
Sentidos de la Escritura» mencionados. (https://tinyurl.com/ye23ukyv).
Se
resalta en el «Catecismo de la Iglesia Católica» que: «Todo lo dicho sobre la interpretación de la Escritura
queda sometido al juicio definitivo de la Iglesia, que recibió de Dios el
encargo y el oficio de conservar e interpretar la palabra de Dios». (https://tinyurl.com/vxxnhz6t).
La «Doctrina de los
Cuatro Sentidos de la Escritura», fue bastante bien desarrollada por Dante Alighieri en su obra magna, «La Divina
Comedia»; enfatizó Dante que esos cuatro sentidos se aplican no sólo a los
libros sagrados, sino también a la literatura secular; ideas que desarrolló,
además, en el texto «El Convivio», en el cual reafirmó que los textos se escriben y se leen
para ser entendidos en cuatro sentidos. (https://tinyurl.com/3u3fz5td).
Las ideas libertarias del
pensamiento, apoyadas por el surgimiento de la imprenta, la reproducción a gran
escala de libros, el movimiento renacentista, la Reforma Protestante, así como
el desarrollo del conocimiento científico, la teoría de los «Cuatro Sentidos
de la Escritura» (ahora con minúscula) adquirió nueva dimensión más allá de
la lectura de los textos sagrados. La Reforma Protestante aseveró que la
completitud de la verdad revelada está en la Sagrada Escritura, la que no necesita
intermediado alguno; todo fiel es libre para examinar el significado presente
en la Biblia.
A
los cuatro sentidos se le agregó una concepción secular y no
sólo para la «Escritura», referida a la Biblia, sino a cualquier otra forma de
escritura, lo cual pone a los cuatro sentidos medioevales de la Escritura en un contexto no
religioso, que involucra no sólo a los fieles católicos, sino a los escritores
en general. Abrió esta secularización de la escritura un espacio amplio para la
enseñanza y aprendizaje de la lectura y escritura, resaltando siempre la
claridad y precisión expositiva que va más allá de la mera comunicación y
comprensión literal.
Se escribe para diseminar
conocimientos, pensamientos, puntos de vista y también para que el lector pueda
reconocer cuando el escritor tiene alguna intención torcida para comunicar de
manera deliberada con imprecisión. O sea, el lector siempre va más allá de lo
literal para encontrar la riqueza subyacente en lo que está escrito y, también,
para diferenciar escritos potencialmente enriquecedores de aquellos que tienen
alguna forma de intención oculta o de abierta distorsión de las realidades. Por
eso, se afirma que la lectura siempre es crítica y que esa es una de las
habilidades fundamentales que debe desarrollar todo estudiante y adulto a lo
largo de toda la vida.
Incluso una sola palabra
no puede ser leída solo en sentido literal, es preciso inferir significados. Tómense,
por ejemplo, las palabras PARE, en un cruce de tráfico, o la de VENENO en una
etiqueta. La lectura estrictamente literal puede llevar a consecuencia graves,
incluso a la muerte; hay en esos avisos mucho de lo que contienen el conjunto
de letras juntas. Ejemplos así pueden ser empleados para que los estudiantes
entiendan la importancia de la comprensión de los textos más allá de lo
estrictamente literal. Otros ejemplos pueden tomarse de los himnos patrióticos
que todos escuchan y cantan, importa que se comprenda que no se trata de un
conjunto de palabras sobrepuestas sin ninguna otra intención que leerlas o
cantarlas; comprenderán los neófitos lectores que las palabras buscan comunicar
sentido más allá de la mera lectura o pronunciación oral; y que las frases
tienen significado mucho más amplio de lo que está representado en el conjunto
de palabras que componen una determinada oración.
Se escribe para que lo
escrito tenga sentido y también trascendencia más allá de la mera combinación
de sonidos, palabras y significados. El estudiante (y el adulto) deben
reconocer que existe en la escritura un componente ético; como personas es
preciso cumplir con las normas que garantizan el bien común y tener cuidado con
lo que es potencialmente dañino para sí mismo y para otros; y también
compromisos moral que, en el caso de las dos palabras PARE y VENENO, comunican
y recuerdan que no es bueno violar las normas y que conviene a todos su
cumplimiento.
El autor de cada texto anticipa
que su audiencia debe reconocer los cuatro niveles de profundidad de la
comprensión de los escritos. Es decir, los textos se escriben para ser leídos e
interpretados, para ir más allá de lo obvio o evidente que puede tener el
conjunto de oraciones que contiene el texto. De ese modo, la escritura tiene y
siempre tendrá un propósito de facilitar una comprensión más profunda de las
realidades y condiciones humanas. Siempre más allá de lo literal.
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