Sustitución del Modelo de Maestro Concebido Como Antena Emisora
Sustitución del Modelo de Maestro
Concebido Como Antena Emisora
Enrique E. Batista J., Ph. D.
https://paideianueva.blogspot.com/
Se precisa tomar en serio que los procesos formativos escolares se
fundamentan en las ciencias y en concepciones debidamente fundadas sobre la
naturaleza humana y la sociedad. En las prácticas escolares se habla y se
predica la «transmisión del conocimiento», en un símil que concibe que
la mente humana en el proceso de aprender es una antena receptora, pasiva, de
una fuente central que «emite conocimientos», sin que se pueda decir que
la comunicación está debidamente sintonizada entre la fuente emisora y la
receptora. No importa si emisor y
receptor tienen una frecuencia para sintonización diferente; de todos modos, se
sigue adelante; la emisión se pierde y el alumno no aprende nada.
Igual que en una radio comercial, se envía la misma señal de contenidos a
todos en un mismo grupo y grado escolar. Se asume que la transmisión es un
proceso fluido y que no tendrá interferencias ni caídas; pero la señal, con
frecuencia, se cae o tiene obstáculos que se interponen y dañan la comunicación
intentada. Tomadas como algo natural, se ignoran obstáculos y caídas, siendo
muy común que se carezca de la voluntad de detectarlas o evitarlas. La
responsabilidad de la no recepción y procesamiento de los contenidos es del
receptor: el pobre e indefenso alumno convertido en pasiva antena receptora de
contenido o de información usualmente abstrusa. Las antenas receptoras, aunque
juntas, están separadas con negación de interacción entre ellas.
Es muy frecuente que las antenas carezcan de la energía para que sus ondas
puedan llegar a los alumnos, en especial cuando estos, por falta de motivación
ante procesos educativos que los aburren, no enaltecen o desafían su
inteligencia y les niegan la liberación de sus habilidades y aptitudes
específicas.
Buena parte de la crisis educativa se origina en este modelo que asume que
la señal emisora es suficientemente fuerte, clara, precisa y motivadora del
interés del receptor para recibirla y aprender. Se ignora, aunque es bien
sabido, que el receptor, con alta frecuencia, apaga las señales que el emisor
envía: señales anacrónicas que carecen de fuerza e intensidad para avanzar con
claridad motivadora acorde con las necesidades de los receptores y de los
desarrollos de los nuevos tiempos.
Esto ocurre en todos los niveles educativos, desde preescolar hasta la
educación superior. Maestros y alumnos son concebidos, en sus asignados roles,
como estáticas antenas, contrario a los propósitos para promover aprendizajes
activos con significación social y personal. Maestros y alumnos, como antenas
sembradas e inmóviles, son preservados como garantía ilusoria de que el uno,
para enseñar, transmite bien sus señales y el otro aprende rápido y con
eficiente uso de su tiempo.
Masivas cantidades de información se transmiten hoy por redes informáticas
y redes neuronales artificiales. Existe la impropiedad de «transmisión de
conocimientos»: los conocimientos no se transmiten; se aprende mediante un
conjunto complejo de acciones que involucran al cerebro humano y a una variedad
amplia de estados afectivos y emocionales. Se recurre al símil de la
transmisión con la creencia y la intención de que de ese modo se aprende, con
la justificación de que así se ha hecho por centurias.
Pero a las prácticas educativas, al fin, les debe llegar su despertar y la
toma de conciencia de la cantidad de prácticas ideologizadas y de alucinaciones
en las que se sustentan las acciones escolares. Esa toma de conciencia puede no
ser tardía. Los alumnos acceden a información, para efectos del aprendizaje,
siempre y en todas partes, por multitud de diversas fuentes, entre ellas: los
textos, los medios de comunicación, las redes sociales, amigos y familiares,
Internet, el maestro mismo y otra variedad de eventos que se agrupan con las
denominaciones de educación no formal e informal.
Los llamados al cambio en educación se han expresado por décadas sin que se
haya asumido conciencia de la inutilidad de muchas prácticas escolares y de la
inefectividad de ellas para promover los aprendizajes. Bien se reitera que el
ambiente educativo para la enseñanza y el aprendizaje, así como sus metas,
parecen ser inamovibles, incambiables. Tomando alguna analogía que viene del
pasado remoto, una radiografía de la escuela de 1926 y otra de 2026 no son
diferentes.
Como han destacado algunos autores, y ha sido ampliamente reconocido y
expuesto en el pasado, los procesos activos escolares se fundamentan en la
formación plena de los seres humanos. Formación que se cubre con la integración
del desarrollo físico, mental, emocional, moral y social, con el aprendizaje de
ciencias (incluidas las sociales), tecnologías, artes, cultura y la lengua
materna. Se agrega, en la complejidad de los procesos formativos escolares, el
adecuado uso del tiempo libre y la sana recreación, el desarrollo de las
habilidades socioemocionales y el razonamiento ético; todo con el propósito
central de formar personas como ciudadanos productivos para sí, para la
sociedad y para la preservación de los bienes de la naturaleza.
Este esfuerzo cubre también a la educación superior. Se resalta que una
formación con contenidos y habilidades para los campos profesionales por sí
sola es insuficiente, ya que es preciso formar ciudadanos y fuerza laboral con
las habilidades para expresar y consolidar juicios fundamentados sobre la
naturaleza de los desarrollos sociales, ambientales, científicos y
tecnológicos, así como formación en la independencia crítica y la autonomía
cognitiva y moral para acceder y validar información que, con amplia
frecuencia, es manipulada, recorrida de mala intención o que responde a
intereses particulares por encima del bien común. (https://tinyurl.com/3jf77v4b, https://tinyurl.com/3jf77v4b).
No se trata de eliminar al maestro ni de la desaparición de su rol social.
Más bien, se precisa cambiar su pasivo rol de maestro de antena emisora. O sea,
liberar su riqueza interior, desatar su inteligencia y creatividad que por
décadas han estado atadas a sistemas y modelos educativos que niegan hasta su
misma condición de ser intelectual, de persona creativa afín a las necesidades
sociales y a las de sus alumnos como elementos esenciales para la construcción
del progreso social. Deben ser maestros innovadores con alta sensibilidad por
el progreso y bienestar de sus discípulos, capaces de superar las barreras que
normas burocráticas, creencias erróneas y reconocidas alucinaciones sobre la
enseñanza y el aprendizaje, ancladas desde el pasado, obstaculizan sus deseos y
posibilidades para crear e innovar sobre cómo enseñar y cómo promover más
sólidos aprendizajes.
Para el maestro han sido normas y creencias que lo han convertido, como
antena, en pasivo receptor de procedimientos que buscan estandarizar los
procesos formativos independientes de culturas, de contextos sociales y de las
necesidades y características individuales. Es la misma y con frecuencia olvidada
atención a las diferencias individuales en los procesos de enseñanza. El
maestro no puede seguir siendo una antena emisora de contenidos ni tampoco
receptora pasiva de normas que le niegan la esencia de su trabajo: el bienestar
de sus alumnos y la constante creación de experiencias singulares, motivadoras
y desafiantes del deseo de aprender y de progresar que tienen ellos. (https://tinyurl.com/mue8eypp, https://tinyurl.com/mue8eypp).
Con el modelo escolar de maestros y alumnos como antenas no hay modo de que
se dé concurrencia de los conocimientos, experiencias previas, intereses,
aptitudes específicas, atributos psicológicos y contexto cultural de cada
alumno con el trabajo emisor del maestro, lo cual se mantiene hasta la
educación superior. Ésta, en lugar de apoyar el desarrollo de los niveles
educativos previos, es arropada en las estrategias de enseñanza y de
aprendizaje que persisten y subsisten en tales niveles previos. En la educación
superior, más con la perturbadora presencia de la IA, esa es una condición
insostenible, como no lo es tampoco en los niveles previos. (https://tinyurl.com/254uczdx, https://tinyurl.com/254uczdx).
Se reconoce que puede existir una variedad de estrategias de aprendizaje y
de enseñanza distintas a las de la transmisión y recepción por antenas humanas.
El conocimiento, su reelaboración y aplicación en contextos y problemas reales,
requiere integración; o sea, el establecimiento de las conexiones
significativas con las experiencias y conocimientos previos que tenga el
alumno. A esta consideración se agrega la dimensión humana que implica la
conciencia de sí mismo, de su sociedad, de su cultura, de las realidades
locales y globales. Sin conciencia no existe el aprendizaje ni la especie
humana, caracterizada por tenerla. La conciencia es abrigada por la
comunicación clara y precisa en lengua materna.
De la conciencia de ser humano, de existir, de ser social que aprende y
progresa, surge la dimensión del compromiso afectivo para entender el sistema
social de valores, la adquisición de nuevos intereses y el enraizamiento de
apropiados comportamientos y fijación de metas realistas. Se reitera que sin
conciencia no hay aprendizaje; por ello, las interacciones pedagógicas para
fomentarlo implican el metaaprendizaje con su componente de la metacognición,
lo que genera la conciencia de lo aprendido y el desarrollo de estrategias
independientes para mejorar los sucesivos y permanentes aprendizajes. (https://tinyurl.com/vprp5zt5).
El maestro construye e innova su relación pedagógica de modo permanente; el
maestro no es una antena de emisión de conocimientos: él modela, entusiasma, y
motiva con sus valores, conocimientos y personalidad, orienta, apoya, promueve
el aprendizaje y el bienestar de los alumnos. El maestro con sus conocimientos
y riqueza interior crea y recrea relaciones pedagógicas productivas centradas
en el progreso y el bienestar de sus alumnos.
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