18 Pilares para Escuelas Felices: De la Distopía a la Utopía (Tercera parte)
18 Pilares
para Escuelas Felices: De la Distopía a la Utopía (Tercera parte)
Enrique
E. Batista J., Ph. D.
https://paideianueva.blogspot.com/
En dos artículos previos
presenté 12 de los 18 pilares para la creación de escuelas felices (https://tinyurl.com/3wryeedc,
https://tinyurl.com/ffzrjjcp); en este completo los 18 pilares que para tan
ineludible y crucial propósito propongo.
Pilar trece. La
escuela para la alegría de aprender y progresar desarrolla el principio que
señala que se promueve, de modo activo y permanente, el descubrimiento y la
promoción temprana de la variedad de talentos y de la creatividad presentes en
los estudiantes. Esta escuela pone, también, especial énfasis en la
investigación científica, en los diversos modos de generar conocimientos
fidedignos y en los modos de comunicar los resultados; pone, a la vez, énfasis
en la creación de productos digitales y artefactos en consonancia con los
avances que en ciencias, tecnología, artes y cultura se presentan en el mundo,
con especial atención al análisis de las implicaciones éticas de los diversos
tipos de avances. La alegría que acompaña al modelo de escuela se refleja
también en el impulso que se da a distintas manifestaciones culturales, al
conocimiento de culturas diferentes a las propias y al respeto hacia ellas.
Será un principio de estas escuelas para la alegría y la felicidad el mandato
insustituible de libertad para crear.
Pilar catorce.
Las escuelas para la alegría promueven el conocimiento, la defensa e identidad
con la lengua materna; fomentan el desarrollo de las correspondientes
habilidades comunicativas fundamentales, no sólo las orales o escritas, sino
también aquellas requeridas empleando los recursos informáticos necesarios para
el desempeño ciudadano y laboral. De ese modo, el enriquecimiento léxico, los hábitos
de lectura crítica, los ensayos en lengua nativa y en extranjera son
fundamentales para ahondar en la comunicación clara y precisa, en la producción
de textos y en la consideración de la lengua materna como un bien colectivo que
necesita ser aprendido y defendido como base primordial para el conocimiento y
disfrute de la producción literaria que abunda y enriquece esa lengua.
Pilar quince. El
maestro como elemento esencial para la construcción de una escuela para la
alegría y la felicidad. El maestro es un factor clave para el aseguramiento de
las metas de calidad formativas socialmente acordadas para la formación de las
nuevas generaciones. Esto requiere, en consonancia con la totalidad de los
pilares enunciados, que se le considere parte activa y valiosa para todos los
procesos de transformación y de progreso escolar. Se reitera que, aparte de
tener el maestro la formación apropiada, corresponde a los gobiernos y a la
sociedad en general asegurar el reconocimiento social a la valía del maestro y
de su función social esencial. Una escuela para la alegría y la felicidad
requiere también maestros alegres y felices; por ello, la alta apreciación
social va acompañada de remuneración apropiada, estímulos y beneficios permanentes
de diversas clases como reconocimiento a su esencial labor. Requiere el maestro
apoyo para la innovación pedagógica y la libertad para enseñar y decidir los
métodos más apropiados para la enseñanza y el fomento de los aprendizajes.
Aparte de la condición del salario adecuado, cabe también no olvidar los
derechos a la seguridad social y a otros tan esenciales como salud y vivienda
y, también, la garantía de sus derechos civiles.
Pilar dieciséis. La
estructura fundacional de la escuela para la alegría y la búsqueda de la
felicidad precisa, en su construcción, el apoyo y la sostenibilidad por parte
del Estado, el cual promoverá la innovación la consolidación de los pilares que
la sustenten, con funciones y liderazgo que irán más allá del inveterado
reglamentarismo burocrático que niega la innovación. La libertad para aprender,
crear y la búsqueda libre del conocimiento, como se sabe, parece no caber en la
mente de algunos burócratas. Como es reconocido en los principios
constitucionales y legales, corresponde al Estado, a la sociedad civil con sus
diversas organizaciones, a los sectores productivos, a las familias y a los
maestros asegurar que las nuevas generaciones disfruten de una escuela
construida para la alegría de aprender y de progresar. Formarán todos parte integral
y determinante para la definición y el acompañamiento permanente para el logro
de los objetivos formativos específicos que se requieran y se formulen acorde
con las circunstancias locales, la cultura y las realidades globales.
Corresponde a la escuela para la alegría y la búsqueda de la felicidad
consolidarse como una institución que forma para la democracia con principios y
organización interna democrática, con proyectos formativos escolares adecuados,
flexibles, fomentadores de la alegría para aprender, de progresar y de ser
feliz.
Pilar diecisiete.
Transformación esencial de las instituciones que forman al maestro. Para tener
maestros formados en la alegría y la búsqueda de la felicidad propia y de sus
alumnos será absolutamente necesaria una sustitución esencial de los modelos de
formación de educadores y de los procesos para su cualificación permanente.
Actualmente son instituciones que avalan prácticas escolares improductivas,
carentes de innovación y de la fundamentación científica necesaria; siguen
impávidas e imperturbables con una orientación que cualifica a maestros
apoyadas en los desuetos y extintos modelos curriculares por asignaturas y
conceptos inexplicables de créditos académicos. Abunda la notoria carencia en
sus intentos formativos de maestros de la adecuada combinación de experiencia
en escuelas innovadas e innovadoras; con abierta paradoja realizan y evalúan
las llamadas prácticas profesionales en los añejos contextos que se precisan
superar.
Se apoyan las instituciones
que forman y titulan a los maestros en estrategias carentes de formación en las
ciencias del aprendizaje y de las neurociencias que permitan fundamentar la comprensión
de cómo el cerebro procesa la información, de cómo se consolidan los aprendizajes;
es una formación alejada del crucial papel que juegan la atención, la memoria y
los demás procesos cognitivos básicos (percepción y sensación) y superiores
(pensamiento, lenguaje e inteligencia) que permita diseñar adecuadas
estrategias para fomentar altos logros cognitivos, afectivos, actitudinales y
de valores en los estudiantes.
No se pone énfasis, en esas instituciones
que titulan a maestros, en el desaprendizaje de las alucinaciones pedagógicas
que interfieren con la sustentación de una escuela para la alegría de aprender
y de vivir. Como se trata de una formación para «dictar clases», muchos de los
intentos formativos niegan la posibilidad de enseñar con éxito y de avivar los
aprendizajes con ausencia reconocida de la autorreflexión basada en el
metaaprendizaje por el mismo maestro de cómo aprende y debe seguir aprendiendo.
Existe, además, abierta carencia de comprensión y de las estrategias para asegurar
aprendizaje activo, situado, individualizado, prescriptivo y adaptativo;
también es evidente la formación sobre cómo incorporar con sentido práctico y
crítico las herramientas informáticas para la promoción en los alumnos de las
habilidades digitales, como se señaló, que requerirán para el ejercicio de la
ciudadanía y el desempeño laboral.
Pilar dieciocho. El
estudiante. La autonomía para aprender, saber aprender, aprender a conocer y a
controlar el propio aprendizaje. Los 17 pilares anteriores concurren en el
estudiante. Es mejor ser feliz que sacar altas calificaciones. Los ambientes
escolares son construidos para la alegría, la salud física y mental, la
recreación y el aprendizaje del uso productivo del tiempo libre de los niños;
el apoyo médico, psicológico y nutricional forman parte del sostén para
garantizar el progreso de cada alumno.
El modelo de escuela para la
alegría y para la construcción de la felicidad enfatiza el metaaprendizaje, el
cual incluye los esenciales procesos para sólidos logros escolares: la metacognición,
el metaconocimiento, la metamotivación y el metacontrol. El metaaprendizaje es
metacognición acompañada por las estrategias que para aprender funcionan mejor
para él, las cuales ha hecho conscientes. El metaconocimiento es poder saber
qué se sabe y qué no se sabe; este es un proceso que siempre está bajo el
control del alumno y no del maestro, es la conciencia de aprender; no hay
aprendizaje permanente y sólido sin conciencia de lo aprendido y de su
significación; por ello, es un proceso cognitivo interno con visibilidad
externa en las manifestaciones de lo aprendido. El metacontrol y la
metamotivación llevan a que el alumno siempre reconozca cómo mantenerse
enfocado. En la escuela para la alegría y la formación de educandos felices se
promueve y prima la autonomía cognitiva y el control consciente del propio aprendizaje
dada la apropiación del metaaprendizaje y de sus componentes. Con reiteración,
se precisa que, para su constante progreso, el niño adquiera conciencia y
control de su aprendizaje (https://tinyurl.com/3mwd7su2, https://psynso.com/metamotivation/, https://tinyurl.com/yfd4ye7u, https://tinyurl.com/a4ere4ya).
Los ambientes escolares
aseguran que los alumnos tengan acceso a la variedad de recursos necesarios
para su progreso constante. Se respeta la individualidad de cada uno de ellos,
se promueven las actividades que aseguran su socialización plena y el
reconocimiento de la valía propia y el respeto a las diferencias con los demás.
Preservar y fomentar la salud mental de los estudiantes es una misión esencial
de la escuela; aparte del maestro con sanidad y adecuadas actitudes mentales,
el apoyo psicológico debe formar parte de la asistencia permanente a disposición
de los maestros, alumnos y de sus padres. No cabe en una escuela para la
alegría y la felicidad que sea propiciadora de niños neurotizados con altas
calificaciones.
La presión por pasar
exámenes, «sacar» altas calificaciones y «ganar el año» atormenta a los alumnos
y causa variedad de trastornos psicológicos como alta ansiedad, depresión, baja
autoestima, ideación suicida y hasta el suicidio mismo. Es sabido que muchos
servicios educativos sobrecargan a los estudiantes con dosis altas de estrés,
alejando a los niños de la alegría y libertad para aprender; con frecuencia los
padres viven la tensión y angustia, lo que interfiere con el progreso de los
alumnos. El foco de la escuela no es la alegría de los padres, sino la alegría
de los niños. Los padres, como se ha dicho, son esenciales para asegurar un servicio
educativo de calidad para todos, pero con alta frecuencia ellos quedan
atrapados en la alucinación de las calificaciones y de impropias e
inentendibles normas de conductas y de disciplina.
La escuela para formar niños
alegres y felices enfatiza en ellos el conocimiento de la ciudad (o el
respectivo entorno poblacional) con su historia y su cultura, ríos y arroyos
como fuente de agua potable, recursos naturales, ecosistemas, grupos
poblacionales diversos, industrias y comercio, problemas principales y posibles
soluciones, barrios y gobernantes. Quien no conoce su ciudad en detalle no
puede ser un ciudadano. No basta habitar la ciudad, se precisa ser ciudadano, formado
además en los deberes y derechos, así como en las formas de participación
ciudadana, de preservación de las formas democráticas de gobierno y de los
derechos que consagra el Estado Social de Derecho.
El pilar 18 enfatiza también
que los niños formados para la alegría y la felicidad tienen comportamientos
éticos y solidarios. Están plenos de corazón, o sea, llenos de cordura y
de cordialidad (ambas palabras del latín «cordis» = corazón), un corazón
de innata pureza, para que, antes de que una escuela triste y supresora lo
dañe, entre en interacción con un fortalecido cerebro para desarrollar, a
plenitud, el razonamiento profundo y la inteligencia. O sea, la dicha de
aprender y de aprender a ser feliz.
Recordar (palabra que
también viene del latín cordis, re-cordar, que significa volver a pasar por el
corazón) que sobre estos 18 pilares descansa el valor supremo que exige una
educación de calidad, igualitaria y sin exclusiones para cada niño. Está
igualmente reiterado y recordado que la educación es un derecho fundamental e
inalienable.
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