En Internet,
la Seguridad le Gana a Confianza
Enrique E. Batista J., Ph. D.
https://paideianueva.blogspot.com/
Son muchos los riesgos que se corren en el mundo
digitalizado. Nadie está exento de los serios peligros que se tienen. Estos
riesgos son amplios y no están alejados los gobiernos y tampoco las grandes
empresas, a pesar de las fuertes inversiones que hacen en seguridad
informática. Pero también tienen una amenaza constante sobre su seguridad los
adultos y, en especial, los niños y los más jóvenes que, con inconsciencia
programada, de manera irreflexiva y automatizada, se sumergen en los remolinos
de las aguas turbias y tormentosas de la cibernavegación.
El riesgo es
permanente. La amenaza surge desde el momento en que se enciende el computador,
el celular o al abrir el correo electrónico. Son conocidas, entre muchas otras,
las amenazas con virus y malware, secuestros de identidad, robo de datos
personales y de dinero, ransomware, phishing, acoso sexual y de otra índole y
el bloqueo de servicios (conocido como DoS). Se presentan a diario una
exposición a altos riesgos de ciberacoso, a discursos de odio, a
teorías de conspiración, al tráfico sexual de menores, a la discriminación
racial, a las violaciones a la privacidad, al reclutamiento de menores y a la
exposición a ideologías extremistas. (https://shorturl.at/U4Hck).
Seguro le gana a confianza. Internet fue construido como una red para facilitar
la comunicación y el intercambio de información entre seres humanos. Fue
concebida para la recreación, para el aprendizaje, para la solidaridad e
intercambios creativos. Fue creada como una red de valía universal, sin dueño
alguno; una red abierta y libertaria en donde todos podrían intercambiar
información útil para el ejercicio de la ciudadanía, para acceder o diseminar
recursos valiosos y construir ambientes interactivos que facilitaran la
globalización de la libertad, la creación y el acceso igualitario a recursos
digitales. Fue construida para fomentar una educación de alto nivel, mejorar el
acceso a los servicios de la salud, proteger el medio ambiente y crear redes
académicas, pedagógicas y científicas.
Al lado de esos propósitos importantes mencionados
pulularon, como plaga fuera de control, las iniciativas de utilizar esta Red
global para diversos propósitos, algunos manchados de perversidad. Internet no
fue creada para el engaño, ni tampoco como un centro universal digital para
variedad de negocios legales e ilegales. Internet fue concebido como un lugar
de confianza para todos; fue pensado como un espacio con abundancia de
ambientes digitales seguros para todos. Convicción que ha sido desfigurada por
algunos con intereses particulares, llevando con estrategias de comunicación
torcidas a que la inmensa mayoría navegue en Internet de manera desprevenida,
llena de inocente confianza, desconociendo los amplios riesgos de seguridad que
se corren al emplear la amplísima variedad de recursos disponibles.
La oportunidad la pintan calva. Pero semejante y poderoso recurso de fácil acceso
creó en muchos la iniciativa de apropiarse de Internet y de configurarlo a su
amaño y conveniencia como una red global de emprendimientos de la más variada
índole. Internet, que en su concepción inicial debió ser un lugar de encuentro
con seguridad para todos, un espacio con recursos para que los niños y los
estudiantes de todos los niveles educativos pudiesen acceder a tan potente
recurso de manera libre, lejos de los hoy abundantes riesgos que amenazan la
integridad de ellos tanto física como mental. Internet ya no es un lugar seguro
para ningún ser humano. La maliciosa maldad, y seguramente el conjunto de los
pecados capitales, asechan a los indefensos cibernavegantes, convertidos ahora
en presa y mercancía fácil para grandes empresas tecnológicas y otras no tan
grandes. Abundan en Internet los abusadores, los tramposos y secuestradores de
mentes, los perfiladores de cada humano para su conveniencia, y los asaltadores
de la identidad personal.
La confianza se otorga, pero la seguridad se construye. Es preciso recordar esta máxima, porque muchos, con
ignorancia deliberada o no, omiten las advertencias y las reglas para cuidar la
seguridad en el mundo digitalizado. Si la seguridad no se construye, existirá
para muchos el secuestro de sus mentes como acción confiscadora de la voluntad
que lleva a la necesidad patológica de estar siempre conectados.
No hay peor ciego que aquel que no quiere ver. La ciberseguridad es un requisito para el buen
vivir, para ser libre. Cuidado se debe ejercer para reconocer que la ceguera
digital es inducida por aquellos que, con efectivas estrategias, tan diversas
como la impropiamente denominada «ingeniería social», moldean la
motivación de las personas y les impiden superar la creencia ciega, inducida en
las mentes del número abrumador y creciente de víctimas, de que se está en el
mejor de lo mundos, de que no hay riesgos, de que cada uno está debidamente
protegido o que puede protegerse fácilmente con uno u otro aplicativo digital.
Guerra avisada no mata soldado y, si lo mata, es por
descuidado. La
anticipación, las precauciones y la prevención son claves para evitar peligros
y daños. Ante las abrumadoras experiencias y evidencias de los efectos
negativos por omitir elementales reglas de ciberseguridad, no debe ocurrir que
el descuido, la omisión deliberada y el complejo de inmunidad siga causando
daños a muchos, en especial a niños y jóvenes. En la guerra por el control
ciberespacial de mentes y voluntades, la iniciativa y la ventaja son de los
otros soldados mejor armados. El descuido o la ignorancia matará a muchos.
Más vale prevenir que curar. En lugar de que la certeza y la verdad sean superiores
a la sumisión, se han creado núcleos humanos en donde el sometimiento, la
subordinación y la obediencia ciega corren contrario a los principios
libertarios que orientaron a Internet desde sus inicios como un bien social,
cultural y universal que requiere ser apropiado y protegido por todos, lejos
del control de quienes, por distintos medios impropios, controlan mentes,
economías, gobiernos y, con ello, el secuestro de la inteligencia de infantes,
niños y jóvenes. Todos ellos son conducidos a rehuir la verdad, a negarla, a
ocultarla, a no ser solidarios, a que, como en el «síndrome de
Estocolmo», se cree una alianza y defensa del violentador. También son
inducidos a rehuir el aprendizaje y el cuidado en la Red, y a eludir la
seguridad personal y colectiva que debe estar siempre presente para prevenir
las heridas cada vez más presentes y amenazantes en el mundo
ciberespacial. Así, como el sabio adagio
lo ordena: «Es mejor prevenir que curar».
La ignorancia es atrevida. El embrutecimiento deliberado enriquece a otros. Es
preciso acrecentar con convicción que de eso tan bueno, y tan gratis, no dan
tanto. La ignorancia es atrevida, y el cultivo de esa ignorancia,
por parte de controladores de sitios web, plataformas, redes sociales y
aplicativos, es parte fundamental del negocio de estos y del control para
beneficios de unos pocos.
Si no se aprenden y se aplican las normas de
ciberseguridad, «amanecerá y veremos» y «apague y vámonos».
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