La Felicidad: Aspiración colectiva, universal y suprema
La Felicidad:
Aspiración colectiva, universal y suprema
Enrique E.
Batista J., Ph. D.
https://paideianueva.blogspot.com/
El 20 de
marzo, un día antes del inicio de la primavera (equinoccio de primavera en el
hemisferio norte), se celebra el «Día Internacional de la Felicidad»,
decidido así por la Asamblea General de la ONU en 2012; celebración que se
instauró «para reconocer la relevancia de la felicidad y el bienestar como
aspiraciones universales de los seres humanos y la importancia de su inclusión
en las políticas de gobierno» (https://tinyurl.com/ycyn9n8y).
El 20 de
junio, un día antes del inicio del verano (solsticio de verano, también en el
hemisferio norte), el psicólogo Cliff Arnall lo rotuló como «El día más
feliz del año» o «El Día Amarillo» (en contraposición con lo que
había denominado, con abstrusa e insustentable fórmula matemática, «el día más
triste del año», o «Día Azul», que corresponde al tercer lunes de enero
—lunes tenía que ser, dirían algunos—), asociado a reacciones depresivas, clima
muy frío, deudas de Navidad e imposibilidad de cumplir con las promesas e
intenciones hechas para el año nuevo (https://tinyurl.com/fcvx7wp4, https://tinyurl.com/mpscuhc2). En contraposición, ligado al verano, el
color amarillo es asociado a la felicidad, la energía y las emociones positivas
(https://tinyurl.com/ummpbxf6, https://tinyurl.com/yfp859t8).
¿Y qué es
la felicidad?
La
felicidad, dice alguien, es estar enamorado, es poder reír gracias al amor. La
felicidad permite la alegría y desata el poder de cantar; la felicidad se
alcanza gracias al amor. Al menos, eso dice la canción de Palito Ortega
titulada «La felicidad»: «La felicidad, ¡ja, ja, ja, ja! / me la dio
tu amo-o-o-o-or / hoy vuelvo a canta-a-a-a-ar. / La felicidad, ¡ja, ja, ja, ja!
/ gracias al amor, y todo gracias al amor». Y ser feliz es estar enamorado,
como lo canta El Binomio de Oro de América en la composición de Roberto
Calderón «Estar enamorado»: «Estar enamorado es ser feliz / y quien
no quiere ser feliz en esta vida / estar enamorado es ser feliz».
La
felicidad ha estado asociada a fenómenos astronómicos como la primavera y el
verano. Se reconoce que las estaciones del año, o los días brillantes u
oscuros, crean estados de ánimo más propensos a la alegría o a la tristeza. La
primavera siempre se ha considerado como el fenómeno astronómico más asociado a
la felicidad (https://tinyurl.com/nhz74sw4). Las respuestas emocionales y físicas
originadas por el clima tienen respaldo en las ciencias. Existe el dictum
que dice que «la primavera la sangre altera», con consecuencias en el aumento
de la libido y del enamoramiento (https://tinyurl.com/ys898dav).
Con el
aumento de la luz solar se absorbe mayor cantidad de vitamina D, lo que
incrementa la serotonina y la dopamina, íntimamente ligadas a los estados de
ánimo, acrecentando la sensación subjetiva de felicidad y de bienestar; es la
llamada «dualidad neuroquímica del placer y la felicidad». La serotonina se
libera en situaciones de calma y ayuda a estabilizar el estado de ánimo,
reducir la ansiedad y promover la sensación de felicidad. Entonces, esa
sensación es un asunto ligado a procesos bioquímicos en el cerebro. La
dopamina, la serotonina, la oxitocina y las endorfinas forman parte del llamado
«cuarteto de la felicidad» que, en su conjunto, configuran el bienestar
subjetivo, con el que usualmente se sustituye el concepto de felicidad,
concebido sólo desde una base neurofisiológica (https://tinyurl.com/3n3ftn5z, https://tinyurl.com/3pcyh6aa, https://tinyurl.com/2s3dudea, https://tinyurl.com/2dwh854u).
Pero no se
alcanzan la felicidad individual y la colectiva modificando el «cuarteto de la
felicidad» con inyecciones o con el uso de diversos tipos de drogas
psicoactivas. Es preciso comprender el asunto de la felicidad más desde un
punto de vista social, de la acción política de los Estados y de la solidaridad
entre las personas y las culturas. Aparte del «cuarteto de la felicidad», es
evidente que la búsqueda de ella se da en contextos naturales y sociales
específicos que, también más allá de los fenómenos astronómicos y climáticos,
afectan transitoriamente a las personas.
Desde el
punto de vista de la organización política de las naciones, el concepto de
felicidad ha estado presente. Se empieza con la Declaración de Independencia de
los Estados Unidos de América con la bien conocida sentencia, que después
sirvió de modelo para muchos otros países: «... todos los hombres son creados
iguales; que son dotados por su Creador con ciertos derechos inalienables,
entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para
garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos...».
Conviene resaltar el adjetivo «inalienables». En Francia, en la Declaración de
los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1793, se expresó que: «El fin de
la sociedad es la felicidad común». En la Constitución de Japón de 1946 se
destacó que la libertad y la búsqueda de la felicidad son el objetivo supremo
de la legislación. La ONU reconoce que la felicidad y el bienestar son
aspiraciones universales de los seres humanos y que corresponde a los gobiernos
incluirlas en el desarrollo de sus políticas (https://tinyurl.com/ycyn9n8y).
Puede
seguir cantando y viviendo su subjetiva felicidad quien esté enamorado. Es muy
importante y placentero experimentar sentimientos de felicidad por estar
encariñado, sentir y vivir intensas relaciones de afecto mutuo. Pero, más allá
de lo individual y de la pulsión biológica que mueve el «cuarteto de la
felicidad», está la plenitud colectiva por estar enamorado de la vida, de la
salud del planeta, de la integración familiar, de la dicha de tener amigos y
amigas, de estar enamorado de la vida pacífica y, en cuanto ciudadano, de las
normas del Estado social de derecho que consagran la búsqueda del bienestar
colectivo, del bien común, de la dignidad de las personas y de un pleno
desarrollo humano.
Se calculan
y se difunden con frecuencia índices de felicidad. Es preciso recalcar que la
felicidad, la búsqueda y construcción de ella, no puede pensarse como la
persecución o estratagema para alcanzar alguna forma de puntuación más alta en
dichos índices. La felicidad no es un ejercicio estadístico, sino un derecho
humano inalienable y fundamental íntimamente ligado al derecho a la vida; este
último derecho, aunque se esté vivo, pierde fuerza si al bienestar colectivo y
la dignidad de las personas no están imbricados el goce de una vida próspera y
plena, llena de derechos y de deberes consigo mismo, con el resto de la
humanidad y con la naturaleza. La felicidad, más que un estado transitorio de
bienestar individual es un estado de satisfacción colectiva con la calidad de
vida propia, de los demás humanos y también de los demás modos de vida en el
planeta.
La
felicidad, el amor y el bienestar colectivo coexisten. No existe felicidad a
pedacitos. Ella es completa. No habrá felicidad completa si hay seres humanos
que viven en la infelicidad, si niños y jóvenes no prevén un futuro próspero
para ellos y para los demás, si las nuevas generaciones viven un momento
presente de desesperanza, plenos sólo de carencias y sufrimientos, si no pueden
asistir o permanecer en la escuela o si, al acceder a ella, no alcanzan la
garantía del derecho ineludible de tener una formación adecuada y de calidad
que les asegure a ellos y a sus respectivas comunidades vivir en un mundo
signado por derechos que garanticen una vida digna; porque la felicidad, como
bien supremo, es colectiva y no puede permitirse que algunos puedan vivir esa
dicha mientras muchos otros seres humanos sufran y vivan en desgracia.
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