Educación Superior en el mundo: sigue con su horizonte incierto
Educación
Superior en el mundo: sigue con su horizonte incierto
Enrique E.
Batista J., Ph. D.
https://paideianueva.blogspot.com/
«Para las
universidades el cambio es su único destino; están encarceladas con libertad
para pensar, pero limitadas para cambiar su modelo». — C. M. Lopera
Desde hace
varias décadas se ha reconocido que hay precariedad en lo heredado del modelo
napoleónico de universidad: profesionalizante, organizada por facultades
disgregadas y con la creación, financiación y control de estas por parte del
Estado; un control que deshace cualquier esfuerzo o manifestación real de
autonomía universitaria. Con tal realidad, omnipresente en el modelo, cualquier
nueva norma o directriz expedida por el gobierno central da un mordisco
adicional a la proclamada autonomía de las instituciones de educación superior.
Diversas
iniciativas de transformación de las universidades para alcanzar la debida
congruencia con los fines y necesidades sociales se han manifestado desde hace
algunas décadas. Se puede mencionar el Acuerdo de Washington (1989), que puso
énfasis en la formación basada en competencias, buscando aproximar a las
universidades a la formación técnico-laboral que bien podrían requerir algunos
sectores de la producción. También surgió la necesidad, en medio de la Tercera
Revolución Industrial (continuada en la Cuarta), de enfatizar la formación en
las profesiones STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). Este
Acuerdo hizo hincapié en la formación en las ingenierías y la acreditación de
esos programas con estándares internacionales.
Antes de
iniciar el siglo XXI, el Acuerdo de Bolonia (1999) creó el Espacio Europeo de
Educación Superior (EEES), con el que buscó establecer las necesarias
concordancias entre los diversos sistemas universitarios en Europa, mejorar la
calidad de la formación con estándares comunes para la acreditación de calidad,
fomentar el cambio de las metodologías de enseñanza, promover la innovación
pedagógica, articular la formación con los sectores productivos, facilitar el
reconocimiento de títulos y la movilidad académica de estudiantes, incentivar
la flexibilidad formativa y acrecentar el énfasis en los resultados de
aprendizaje (https://tinyurl.com/5cfrrtw9, https://tinyurl.com/62mvarbd). La UNESCO, por su parte, ha adelantado una
serie de congresos internacionales que han llevado a la expedición de algunos
acuerdos para promover, sin mucho éxito visible, la calidad y la cooperación
internacional, como se puede ver en la Declaración del año 2009. En mayo de
2026 publicó el «Informe mundial sobre tendencias de la educación superior.
Hacia una educación inclusiva, equitativa y de calidad en un panorama de
movilidad internacional» (https://tinyurl.com/344z5ey3, https://tinyurl.com/538yjkt4).
Todos esos
esfuerzos han enfatizado principalmente la homologación o reconocimiento de
títulos, los estándares comunes para la acreditación de la calidad de los
programas y la cooperación internacional. Sin embargo, todas esas iniciativas
han encontrado una serie de obstáculos; las universidades han sido impactadas
por un mundo de intensas y reiteradas convulsiones que han afectado la
naturaleza y esencia de la universidad y sus modos de operación. Entre ellas:
el mundo trastornado por las guerras, crisis económicas globales, disminución
de la financiación estatal y de otra índole, intensificación de la
burocratización del profesorado, énfasis y prevalencia de las publicaciones
sobre la calidad de la enseñanza, disminución del número de alumnos debido al decrecimiento
de la población y al desinterés creciente de los jóvenes por los estudios
universitarios, los cuales ya no aseguran empleos de alta calidad y bien
remunerados. Se agrega la interferencia creciente de los gobiernos sobre el
funcionamiento de las universidades, con una intromisión más abierta en el
preciado valor de la autonomía universitaria, cualquiera que sea o haya sido
esta en el contexto nacional.
Se suman a
estos factores la creciente prevalencia de certificaciones digitales cortas y
sucesivas y, más recientemente, el surgimiento con acelerada fuerza de las
diversas categorías y clases de inteligencia artificial, las cuales han puesto
en jaque la concepción y los modos de formación universitaria, la valía misma
de la universidad y la necesidad de formación no solo en contenidos y en
habilidades informáticas, sino también en aquellas necesarias para mantener la
vigencia de los conocimientos y la permanencia o estabilidad en el trabajo.
Todo ello
equivale a reiterar que las universidades están inmersas hoy en un torbellino
impetuoso de confusión, que ha afectado no solo sus roles sociales
tradicionales, sino su naturaleza e identidad. Los perfiles y roles de los
directivos universitarios (en especial de los rectores), de los profesores y de
los alumnos han sido superados por la fuerza insoslayable de los
acontecimientos señalados. Se ha recalcado, asimismo, la necesaria y muy
urgente transformación de la clase tradicional, de la naturaleza de las
estrategias de enseñanza y de aprendizaje, y de los modos de acceder y validar
información en proyectos de aprendizaje apoyados en herramientas tecnológicas,
como las presentes en las diversas categorías de IA. Algunas de las
consideraciones en esta encrucijada las ha planteado el profesor Carlos Lopera
Palacio en su obra «Los puntos sobre las IES» (https://tinyurl.com/mwnnbyar).
En efecto,
este autor ha destacado que hablar de crisis de la universidad no es nada
nuevo. Tal vez, como nunca, ella enfrenta ahora grandes cuestionamientos y
desafíos sobre su naturaleza e incluso sobre la razón de ser de su propia
existencia como organización social. Si bien las universidades, recalca Lopera,
pueden entender que cambiar es su único destino, no tienen claro cómo ni hacia
dónde pueden moverse, ya que están encarceladas con libertad para pensar, pero
con limitaciones para actuar, modificar sus estructuras y cambiar su modelo
frente a los punzantes señalamientos de que son muy costosas, carentes de
liderazgo y que, por lo tanto, no deben ser financiadas por la sociedad porque
sus antiguos roles los pueden asumir otros protagonistas.
Ante ese
contexto, el profesor Lopera describe en detalle los 12 barrotes que, en su
concepto, encarcelan a la universidad. Estos son: 1. El aumento en el
reconocimiento social y legal de la educación como un derecho. 2. La aparición
de múltiples modalidades y formatos educativos de oferentes que no son
instituciones de educación superior. 3. Ausencia de un proyecto de país y de
una política pública que la oriente. 4. La fuerte disminución en la tasa de
natalidad y el cambio de expectativas de los jóvenes. 5. La dependencia en los
ingresos por matrícula. 6. La deserción y el aumento en el escepticismo sobre
el rol de la universidad. 7. El hecho de que el Estado, el sector productivo y
la universidad recorren caminos diferentes.
Los
siguientes barrotes son: 8. Una limitada movilidad que la lleva a la
imposibilidad de crear un espacio conjunto de educación superior; por ejemplo,
en América Latina y el Caribe. 9. Normatividad poco flexible, derivada de la
profusión de leyes, decretos y otra variedad de disposiciones legales que
limitan su autonomía y complican su operación y posibilidades de
transformación. 10. Egoísmo institucional, manifestado en que solo por
necesidades agobiantes se articulan esfuerzos para evitar más desarticulaciones
en el sistema. 11. «Disautonomía» universitaria, la que se refleja en la
pérdida de control del valor de la proclamada autonomía a partir de muchas
decisiones de los directivos universitarios. Mientras que la autonomía es un
derecho inherente de la universidad, la disautonomía se expresa en la misma
institución cuando se incurre en acciones que favorecen intereses particulares
y no los colegiados, aunque se contradigan y se destruyan sus propios
principios y valores. 12. Paradigmas o prejuicios que paralizan la gestión
universitaria; estas tienen estructuras pesadas, procesos nada efectivos y una
multiplicidad de poderes que llevan a decisiones lentas y complejas, lo que les
impide ser proactivas para abordar los retos que hoy enfrentan.
Podrán
existir otros barrotes aparte de los que menciona el profesor Lopera. Existen
aquí y allá ambientes de corrupción, diversas formas de acoso, alcohol y
drogas, violencia en el campus o sus alrededores, perturbación de la
tranquilidad ciudadana, una alucinación obsesiva por los rankings (en los que,
en muchos de ellos, la posición depende de cuánto se paga), alucinación por la
figuración en índices de revistas indexadas con artículos que, en muchos casos,
nadie lee, una abierta desvalorización de la buena enseñanza y de los buenos
maestros, tolerancia con el fraude en alumnos y con el plagio en las
publicaciones de los profesores, y un relajamiento de las exigencias académicas
y en los estándares de logros.
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