Alucinaciones en la enseñanza

Alucinaciones en la enseñanza

Enrique E. Batista J., Ph. D.

https://paideianueva.blogspot.com/

La pedagogía hace referencia a la relación especial y singular que establecen maestros y alumnos al interactuar alrededor de fines formativos, contenidos, métodos, recursos y estrategias de enseñanza y aprendizaje; relación que está enmarcada por contextos naturales y culturales específicos.

Existen las alucinaciones pedagógicas. Ellas son un sistema de creencias cuyo criterio de validación es la tradición; debido a ello, sigue rigiendo la didáctica de antaño, alejada de los fundamentos científicos y reflejando un burdo empirismo. Ese sistema de creencias incluye pensamientos mágicos, el pensar y actuar con el deseo, y la percepción y vivencia ideologizadas de la realidad sobre lo que es el aprendizaje humano.

Los fundamentos de la didáctica están en las neurociencias. Sin las neurociencias no existe ni podrá existir hoy un campo aplicado que se denomine didáctica, la cual, para muchos, es un modelo universal para literalmente manejar el aula con una distribución mecánica de los tiempos, así como el desempeño del maestro frente a sus alumnos. Ahí adquirió la denominada didáctica la alucinación de que el maestro puede manejar y controlar el aula para gozar de la atención de los estudiantes e incrementar su motivación; alucinación que llena al maestro de un cómplice optimismo y deja a los estudiantes con un vacío y déficit de conocimientos y de formación en los campos cognitivos, de valores, afectivos, de destrezas y actitudinales.

Es preciso conocer cómo el cerebro procesa la información para poder establecer modos efectivos de promoción de los aprendizajes. No se puede enseñar el "aprender a aprender" si se mantiene al cerebro como una caja negra, con un desconocimiento inexcusable de qué hay adentro. Enseñar para aprender requiere conocimiento del funcionamiento cerebral, proclamaría, sin duda, Monsieur Perogrullo. Se aprende con el cerebro; por lo tanto, ahí radica, como se anotó, el campo aplicado de la pedagogía que se ha conocido como didáctica. Si no es así, el esfuerzo de enseñar para promover los aprendizajes será vacuo, en especial cuando los modos y métodos tradicionales de enseñanza están estandarizados, con muchos maestros dictando información y asumiendo, con alucinación, que todos los alumnos la procesarán de modo igual; en esa alucinación, el maestro es ciego frente a la caja negra. Esta y otras alucinaciones han sido un modo de autoengaño que ha perdurado por décadas en la educación tradicional.

A partir de la primera Revolución Industrial, en los años 1800, se impuso el proceso eficientista de enseñar a todos por igual, cultivando ambientes pasivos para aprender donde la palabra del maestro se asentó y se aceptó como elemento motivador con el poder mágico de homogeneizar la manera como cada alumno aprende o debería aprender. Es una de las alucinaciones, como se dice ahora en el mundo de la IA, que lleva a la creencia de que basta continuar con los tradicionales e insípidos ejercicios didácticos de enseñanza que pretenden garantizar que todos aprenderán lo mismo, por igual y al mismo ritmo, según las nada melodiosas cadencias y compases del maestro. Es la alucinación colectiva que impone el modelo educativo vigente, el cual ha perturbado y abiertamente obstaculizado los esfuerzos de muchos maestros para promover ambientes activos e interactivos de aprendizaje más allá del aula tradicional. Asimismo, se han obstruido los esfuerzos para lograr promover aprendizajes con las características de situados, personalizados y prescriptivos.

También ha prevalecido la alucinación sobre la existencia de tres tipos o estilos de aprendizaje, llamados auditivo, oral (verbal) y motor (kinestésico). Si bien es bien sabido que se aprende más, más rápido y mejor si se emplean todos los sentidos debido a las ventajas que ofrecen las diferencias individuales para procesar información, se ha afirmado que, cuantos más sentidos concurran en los procesos de aprendizaje, mejores son las posibilidades de logros y de progresos de los estudiantes. Esta alucinación implicaría que, con algún método fiable desconocido, se puede categorizar o encajonar de modo nada productivo a cada estudiante, independientemente de los contenidos que se aprenderán; contenidos que pueden determinar el posible privilegio de algunos de los sentidos, pero con la presencia de todos los demás. La mera clasificación de los alumnos como orales, auditivos o kinestésicos no funciona ni funcionará, pero la alucinación persiste.

Otra alucinación parecida a la anterior es la asociada al concepto de inteligencias múltiples; alucinación diseminada en los ambientes educativos a partir de los escritos, de hace más de cuatro décadas, de Howard Gardner quien, apoyado en la clasificación de las habilidades mentales primarias de Thurstone, formuló lo que se ha conocido como la teoría de las inteligencias múltiples. Nada tan novedoso, ya que en el campo psicométrico ya se teorizaba sobre la inteligencia general y las inteligencias específicas.

Esta alucinación conlleva la confusión entre inteligencia y habilidades; varias de las "inteligencias" presentes en esa teoría en realidad son habilidades. Esta alucinación ha servido de fundamento teorizante en la formación de maestros, quienes se quedan con el cuerpo conceptual, pero con carencia de los modos particulares de articularlas con estrategias de enseñanza y con el conocimiento sobre cómo el cerebro procesa información de manera diferenciada.

Es una alucinación la limitación de la formación en el cuidado y preservación de los ecosistemas y la valía de los recursos naturales sólo como un conjunto tradicional de lecciones; también lo es el desconocimiento de metas formativas esenciales como son el conocimiento y la valoración positiva de los símbolos y valores patrios.

Es una alucinación pensar que el alumno no necesita guías en el aprendizaje porque él, por sí mismo, puede construirlo, alucinación bastante ligada a las estrategias anarco-pedagógicas. Es una alucinación pensar que con pruebas escritas se pueda inferir, con algún nivel de efectividad y de credibilidad, la calidad de los procesos formativos; es una alucinación creer y sostener que los rankings nacionales e internacionales de escuelas, colegios y universidades, con base en pruebas escritas de diversa índole, cumplen propósitos útiles para mejorar los procesos de aprendizaje y que sirvan para estimular a que la sociedad y los gobiernos promuevan procesos innovadores para el mejoramiento educativo.

Es una alucinación pensar y actuar para excluir en las instituciones educativas el empleo de herramientas y dispositivos digitales y, a la vez, pretender que los educandos desarrollen las habilidades informáticas requeridas para su desempeño personal, social y laboral en este mundo informatizado; es una alucinación pensar que los estudiantes no emplearán esos dispositivos móviles en las escuelas.

Es una alucinación excluir la ética, la moral y la urbanidad de los procesos formativos escolares, exclusión basada en la convicción de algunos de que esos campos de formación corresponden a modelos antiguos de educación y de sociedades pasadas. Es una alucinación pensar y sentir que los estudiantes no requieren formación espiritual. Es una alucinación descuidar la formación en el uso propio y oportuno de la lengua materna para promover la comunicación precisa y clara y modos apropiados de socialización. Es una alucinación ignorar la necesaria formación en habilidades comunicativas en una segunda lengua, así como desconocer la importancia de la formación física de los estudiantes y el aprendizaje para la optimización del uso del tiempo libre para el gozo y la sana recreación.

Hoy se puede reconocer que hay muchos maestros y escuelas bien formados que no permiten que su trabajo entre en convergencia con las alucinaciones. Ellos tienen como obstáculo principal las regulaciones normativas burocráticas que buscan enmarcar su trabajo alrededor de la estandarización que, con vacuas normas legales, busca regular la manera cómo se enseña y se aprende. Los ministerios de Educación, al estar repletos de alucinaciones, encuentran difícil establecer modelos educativos alternativos e innovadores.

  

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