Verbos comodines como verbos asesinos
Enrique E.
Batista J., Ph. D.
https://paideianueva.blogspot.com/
En el mes de los idiomas caben
algunas reflexiones adicionales sobre el debido uso de la lengua materna.
Con la necesaria iteración, el
escritor tiene una regla inexcusable: escribir con claridad y precisión
meridiana para que sus conceptos sean bien entendidos por su audiencia. Por
descuido de esa imperiosa intención —y posiblemente también por pereza mental o
desprecio deliberado—, se abandona tan importante compromiso para caer en el
empleo de un conjunto muy reducido de palabras que han sido bien catalogadas
como «de baúl», sacadas a la ligera de esa gaveta que tienen algunos para sus
intercambios comunicativos. Se generaliza, por habituación impropia, una
pobreza léxica con la cual se desconoce el esfuerzo permanente que es necesario
mantener para enriquecer el vocabulario y así, de igual manera, fortalecer la
precisión en la comunicación.
A veces, la revisión de un texto
formal no presenta errores gramaticales, pero sí algunas formas de imperfección
o de pobreza léxica. En oportunidades, el uso del verbo o de los signos
gramaticales, como la coma, pueden dejar al lector con una comprensión
imprecisa del mensaje que pretende enviar el escritor. Con frecuencia se
escribe tal como se habla en la conversación casual e informal, en la que la
preocupación por el estilo puede no ser tan exigente en la medida en que es
viable aclarar posibles confusiones o imprecisiones en el acto; pero en la
comunicación escrita, por la mayor permanencia de lo que se manifiesta, la
gramática, la ortografía, la sintaxis y el estilo, junto con la correspondiente
precisión léxica, son fundamentales para asegurar una comunicación clara y
precisa.
El escritor mantiene en mente, y
literalmente a la mano, los principios para una comunicación precisa, así como
las reglas esenciales del buen escribir; reglas que no puede tomar con
despreocupación. Por ello, la revisión concienzuda de las primeras versiones es
una norma invariante que el cuidadoso escritor acata en su compromiso para que
el lector no quede con una confusión acrecentada al leer lo escrito.
La regla invariante a la que se
acoge el escritor para comunicar con claridad y precisión no es un don
sobrenatural, es una condición que asume como compromiso con sus lectores; el
escritor no toma a la ligera lo que escribe sin antes asegurar la claridad
comunicativa. Todo lo que escriba (se lo recordará alguien) podrá ser usado en
su contra por el rechazo que podría recibir ante el descuido comunicativo.
En la comunicación escrita es
frecuente encontrar los llamados «verbos asesinos». Denominados así porque
dañan la claridad de las frases y porque crean interpretaciones diversas sobre
lo que el autor efectivamente desea comunicar.
Varios verbos se emplean con
exagerada e impropia frecuencia, a manera de muletillas. Al ser incorporados en
los escritos, perturban la claridad, la oscurecen o la dañan abiertamente. Su
empleo no constituye en sí mismo un error gramatical, sino una falla
intolerable por la imprecisión que introduce el escritor con su descuido,
prohijando incoherencia, confusión e imprecisión.
El descuido al emplear verbos
con poder para ser convertidos en verbos débiles —asesinos del buen uso y de
las riquezas léxicas de la lengua materna— no puede ser una marca que lleve
consigo quien escribe. Los verbos convertidos en asesinos de la lengua sirven
de mal ejemplo ante los lectores que, por la vía de la imitación, adquieren el
hábito de la pobreza en el lenguaje. El escritor no debe dejar que sea el
lector quien, devanando sus sesos, desentrañe en el alma del lenguaje la
intención comunicativa. No le cabe asesinar el vital esfuerzo de emplear
correctamente la lengua y tampoco pasar por alto la influencia formativa que
siempre tendrá.
Alberto Gómez Font, excoordinador general de la Fundación del Español Urgente (Fundéu – https://www.fundeu.es/), ha escrito que en español se leen con inusitada frecuencia escritos con verbos sueltos que causan mucho daño a la lengua. Son verbos comodines que, por la destrucción que provocan, él llamó «verbos asesinos», los cuales se acomodan y se emplean para cualquier propósito de modo descuidado. En particular, él señala tres verbos que se usan y acomodan, quepan o no, anulando y sepultando sin piedad otros cientos de verbos disponibles en la riqueza léxica del español.
Destaca Gómez Font que reconoce tres verbos que odia: realizar, iniciar y finalizar; omnipresentes y culpables de ajusticiar a muchos otros verbos que tienen tanto derecho a la vida como esos tres. Invita a conocerlos y desenmascararlos (https://tinyurl.com/974svef4, https://tinyurl.com/4kck75zf, https://tinyurl.com/37dx2am2).
Ante la ejemplificación negativa
para jóvenes y estudiantes, conviene que todos reconozcan alternativas
precisas. Así, en la escuela o en el laboratorio no se «realiza» un examen,
sino que se examina; para sustituir «realizar», existen otros
verbos tales como: ejecutar, desarrollar, practicar, elaborar u organizar (https://www.fundeu.es/blog/3-verbos-asesinos/). En las siguientes tablas, con
apoyo de Gemini IA, se muestran verbos empleados como asesinos, con frases
optativas y sugerencias de por qué funcionan mejor las alternativas.
Existen otros verbos asesinos
más allá de los tres que tanto mencionaba el director Gómez Font. Entre ellos:
hacer, haber, ser, decir, tener, poner, dar, efectuar, proceder y echar. La
elección del verbo apropiado será aquel con el que se comunique mayor
precisión. Si al eliminar el verbo asesino y ajustar el sustantivo la frase no
pierde precisión, se mejora el esfuerzo comunicativo.
|
Frase con Verbo Asesino |
Ajuste del Sustantivo /
Acción |
Frase con Mayor Esfuerzo
Comunicativo |
Resultado de la mejora |
|
Realizar un viaje |
Viajar / Explorar |
«Exploramos el jardín secreto» |
Cambia una tarea
administrativa por una aventura. |
|
Iniciar el llanto |
Llorar / Sollozar |
«Sollozó en un rincón» |
Define el sentimiento y la
intensidad del llanto. |
|
Finalizar el secreto |
Revelar / Contar |
«Reveló su gran secreto» |
Aporta un tono de misterio y
sorpresa. |
|
Realizar una mirada |
Mirar / Observar |
«Observó la hormiguita» |
Indica atención y
concentración, no solo vista. |
Los cultores amigables del
lenguaje dicen: «Si puedes decir lo mismo con una sola palabra, usa la
tijera sin temor».
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