Una vacuna contra la pandemia digital creada y diseminada por las redes sociales

 

Una vacuna contra la pandemia digital creada y diseminada por las redes sociales

Enrique E. Batista J., Ph. D. 

https://paideianueva.blogspot.com/

El 26 de marzo de 2026, CNN – Ciencia y Tecnología resaltó que un «veredicto histórico podría transformar las redes sociales (y hay miles de demandas pendientes)». Un jurado en Los Ángeles dictaminó que Meta y YouTube conocían bien que sus plataformas son de alto riesgo para los jóvenes; en el fallo se indicó que no están exentas de responsabilidad en el daño que causan a las personas. Al ser hallados responsables de los problemas de salud mental de una joven, Meta y Google fueron condenados a pagar seis millones de dólares en daños compensatorios y punitivos por no advertir a los suscriptores de los riesgos, muy conocidos, los cuales fueron un factor central en los problemas de salud de la joven. Un día después, otro jurado en el Estado de Nuevo México condenó a Meta a pagar 375 millones de dólares por daños y perjuicios al no haber prevenido la explotación sexual infantil en sus plataformas.

Los legisladores, gobiernos y tribunales tienen el deber de proteger a sus niños y jóvenes de la voracidad de los dueños de las plataformas que han evadido su responsabilidad frente a los evidentes daños y perjuicios, apoyados en una norma legal que los exime de la responsabilidad por el contenido que terceros publican en sus plataformas. Los demandantes alegaron que sí tenían responsabilidad no por los contenidos en ellas alojados, sino por sus decisiones de diseño, entre ellas los «feeds» (flujo continuo de contenido) con su desplazamiento infinito, los videos de reproducción automática y los filtros de belleza. El jurado en sus conclusiones expresó que las empresas han sido negligentes en el diseño de sus plataformas. «Este veredicto envía un mensaje claro a toda una industria: la era de operar sin consecuencias ha terminado» (https://tinyurl.com/yeypaymz).

Los niños y jóvenes no son inmunes a tan dañinos efectos —y así lo reconocen los dueños de las plataformas de las redes sociales—, debido a la enfermiza atracción que ellas generan con su pleno conocimiento. Las redes sociales bien podrían tener consecuencias positivas en la socialización, en el aprendizaje y en la recreación de las generaciones más jóvenes, pero no existe en ese campo digital espacio para destacados filántropos desposeídos de la avaricia por las exuberantes ganancias económicas. Por el contrario, de manera abusiva, reconocen la debilidad del carácter en formación de niños y jóvenes quienes son vueltos presas fáciles de aquellos que, alejados del bienestar de las generaciones más jóvenes, privilegian sus beneficios económicos.

Literalmente, estamos en medio de una pandemia digital que, mediante el secuestro de mentes y voluntades, tiene efectos perturbadores inmediatos, a corto y a largo plazos, tan amplios como la más reciente pandemia que padeció la humanidad. Es una pandemia en la medida en que cubre a toda la humanidad. En 2026, 5.660 millones de personas en el mundo usaban redes sociales, lo que equivale a alrededor del 70% de la población global. Un poco más de mil millones eran adolescentes, equivalente al 83% de la población. En Colombia, por ejemplo, el 40% de los menores de 13 años tiene cuentas en las redes sociales. En promedio cada persona está suscrita a siete redes sociales diferentes, en las que emplean el equivalente a casi un día completo de la semana (¡18 horas y 36 minutos!) conectados a ellas (https://tinyurl.com/3unws5ss).

En 2025 más de 1.000 millones de adolescentes en todo el mundo usaban las redes sociales; un 46% indicó que permanecían en línea «casi constantemente». En 30 países, más del 90% de los adolescentes usan redes sociales, con un tiempo promedio de 5.3 horas diarias entre las niñas y 4.4 horas entre los niños, lo que equivale a un día y medio cada semana; este es un comportamiento asociado a tasas altas de problemas de imagen corporal, de angustia psicológica, síntomas somáticos, tensión emocional, pensamientos suicidas o autolesiones. «Esto significa que el tiempo de pantalla prolongado puede amplificar riesgos emocionales graves… La adicción digital desencadena un triple cúmulo de riesgo… Estos riesgos acumulados muestran que el uso problemático se comporta como una adicción de espectro completo, afectando la salud mental, el bienestar físico y el comportamiento simultáneamente» (https://tinyurl.com/3unws5ss).

Todos los adultos deben reconocer, con efectos cada vez más generalizados, que ellos son, a la vez, víctimas —o pueden serlo de manera pasiva— por el entusiasmo y descuido en el uso indiscriminado de ellas y por la tendencia a suscribirse a cuantas redes sociales existan o puedan aparecer, entre ellas: Meta (Facebook), TikTok, Instagram, Threads, X, LinkedIn y Snapchat (más las plataformas de YouTube y WhatsApp). Así, las generaciones mayores forman también parte de los infectados por el virus de la pandemia digital que tiene como inicuo vector transmisor a las redes sociales.

Igualmente, precisan los adultos reconocer que simultáneamente están insertos en un mundo de poderosas redes sociales que manipulan, creando para cada uno, según la perfilación que han hecho, una versión personalizada de la realidad que destruye la construcción colectiva y la búsqueda del bien común, lo cual favorece el bien particular de los magnates de las plataformas. Se acaba la autonomía cognitiva y afectiva, y también la comprensión genuina de las realidades, ya que tales redes llevan a percibir no los hechos y realidades tales como son, sino una percepción del mundo calculada para mantener a cada uno anclado en los negocios y en las distorsiones que con ellas se promueven. «Cada vez que entramos a una red social vivimos una negociación invisible entre nuestros deseos, nuestros sesgos y un modelo estadístico que optimiza el tiempo de permanencia. Pero el resultado no es simplemente diversidad de opiniones sino la fragmentación de mundos» (https://tinyurl.com/y68ka7cn).

No hay científicos adelantando esfuerzos acelerados para encontrar la vacuna precisa que proteja a todos. Aunque sí, desde tiempo atrás, se ha señalado y protestado por los daños y contagios que se reciben de manera deliberada al usar de manera descuidada y sin protección ni prevenciones de higiene mental contra la infección, con sus enfermizas secuelas, que crean esas plataformas. Contrario a algunos esfuerzos, no se ha logrado un cambio visible en los comportamientos de las personas frente a los dañinos efectos conocidos; se siguen usando de manera descuidada las redes sociales que están diseñadas, de manera deliberada para generar adicción, para enfermar y causar daños físicos y psicológicos (https://tinyurl.com/4ksrptt2).

El asunto es serio, muy serio. Se seguirán agravando los dañinos efectos si no se detiene, para alcanzar inmunidad, esta pandemia digital. Se está construyendo, con la complicidad pasiva de muchos, un mundo actual y futuro de personas psicotizadas con serias perturbaciones mentales y desajustes sociales que afectarán de manera grave la convivencia y los modos colectivos de progreso. Es preciso reiterar que niños y jóvenes (y también los adultos) carecen de inmunidad para evitar los efectos funestos en la salud física y mental, y en el uso y desperdicio del tiempo.

Con los fallos de los jurados mencionados, se ha abierto la puerta para que todos podamos poner talanqueras al control que las redes sociales ejercen sobre el pensamiento, las actitudes y los comportamientos de todos, en especial de niños y jóvenes. Hoy, mediante la programación de sus algoritmos, los dueños de las redes sociales, de manera deliberada y sin reatos de conciencia, centrados en sus perversos intereses económicos y contrarios al bienestar de ellos, las tienen diseñadas no sólo para controlar el comportamiento de sus inocentes suscriptores (mal llamados «usuarios»), sino que son orientadas hacia el camino tramposo que afecta la salud mental de quienes, de manera descuidada, se suscriben a ellas con desconocimiento de las trampas que esconden. Ellas son ofrecidas como recursos gratuitos para realizar interacciones sociales y de otra índole.

Gratuito no significa sin costo; no existe nada gratis en la Red, todo tiene alguna forma de pago oneroso. Son trampas puestas ahí de manera deliberada, de modo que una vez se ingresa a ellas, es difícil abandonarlas, ya que crean una adicción con efectos perturbadores en la vida de sus suscriptores; en especial, como se ha señalado, de niños y jóvenes que carecen, en sus momentos de vida, del juicio analítico para entender la complejidad del peligro en el mundo de las redes sociales con sus deliberadas construcciones para crear adicción, la que lleva a la pandemia digital que crea enfermedades y trastornos psicológicos de muy variadas clases.

De hecho, las condiciones que se fijan para la suscripción a ellas muy pocas personas —en particular los niños y jóvenes— las leen; además, pocos, muy pocos, las comprenden, ya que están redactadas en una jerga jurídica precisamente para escudarse y evitar posibles demandas. Los dueños de esas redes sociales adquieren desbordantes ganancias a costa de los millones de incautos suscritos a ellas, lucro que les ha permitido, en un corto plazo, llegar a estar entre las personas más ricas del mundo; nunca fue tan fácil acumular tanto dinero, tanta riqueza, en tan corto tiempo; en estos casos, a costa del bienestar individual y colectivo.

Ha resultado tan económicamente productivo controlar esas redes sociales que el dueño de Meta (Facebook) es el mismo de Instagram, de WhatsApp, de Messenger y de Threads, llegando a configurarse un holding empresarial oligopólico que llena, por torrentes, las arcas avariciosas del dueño, con una avaricia que ni siquiera podría emular el tío Rico McPato.

 

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