Sobre el uso debido de la lengua materna: Somos el lenguaje que empleamos

 

Sobre el uso debido de la lengua materna: Somos el lenguaje que empleamos

Enrique E. Batista J., Ph. D.
https://paideianueva.blogspot.com/

En el mes del idioma español caben otras consideraciones adicionales sobre su valía e importancia personal, social y cultural. Muchos aforismos expresan una profunda verdad sobre la importancia de los necesarios e imprescindibles requisitos para poseer un claro dominio de la lengua materna:


Eres lo que hablas; dime cómo hablas y te diré quién eres; llegas a ser si te comunicas bien; la apropiada comunicación te permite existir para ti y para los demás; en la humana comunicación no existen exclusiones ni remanentes; una nación que permite el deterioro de su propia lengua destruye las raíces más profundas de la nacionalidad; una cultura existe y persiste si tiene lengua propia con base en la cual define su identidad; no existe ser humano carente de la habilidad para comunicarse, su lengua materna le da significado a su existencia; somos el lenguaje que empleamos.

Sin el dominio de una lengua propia no es posible crear y mantener una cultura; una nación sin cultura propia es inexistente, carece de libertad y queda encaminada a la subyugación. Por ello, el dominio de la lengua materna es un recurso indefectible y axiomático para una herencia cultural sólida y duradera.

No basta con mostrar y decir que los niños y los jóvenes no comprenden los textos que leen, que no pueden sacar inferencias a partir de lo leído y que, en consecuencia, demuestran, por su culpa, una gran falta en sus procesos de aprendizaje. Eso es bien sabido; cada vez que se publican resultados de comprensión lectora con base en pruebas nacionales o internacionales estandarizadas aparecen, de modo reiterado, los mismos resultados. Los resultados y los acusadores señalamientos se presentan como sacados de un viejo ropero; se reiteran los señalamientos sobre esta falla seria que muestran a los niños como sujetos pasivos de una sociedad descuidada, con la escuela y los deficitarios procesos formativos que se les ofrecen, a los que literalmente son forzados, lejos de la necesaria motivación intrínseca que los debe acompañar.

Una intolerable consecuencia es que las noticias y las quejas desde los gobiernos, los sectores académicos y otros de la sociedad se focalizan en los niños como los seres que deben culpabilizarse por el descuido en el desarrollo de las habilidades fundamentales para comprender lo que leen, para poder escribir con propiedad, para establecer comunicaciones claras, fluidas y precisas con las demás personas y para tener mayor probabilidad de éxito en sus emprendimientos escolares y personales.

Al ser los alumnos culpabilizados, seguramente les toca agachar la cabeza, recibir o esquivar los golpes mediáticos que van dirigidos hacia ellos, sin que puedan entender por qué se focalizan en ellos y no en las deficiencias formativas que se les ofrecen, y en la creciente desvalorización que los adultos han hecho de la educación.

Conviene alcanzar convicciones y compromisos que lleven al convencimiento de todos, empezando por los adultos, gobernantes y legisladores, de que la lengua materna con la que se comunican pensamientos, sentimientos y propósitos de vida es el elemento fundamental de la inteligencia, de la identidad nacional y cultural, y un crucial elemento de alta valía en la creación e inventiva humanas. Por eso mismo, desde la educación formal, en todos sus niveles, se precisa asignarle valía especial a la formación en el uso debido y oportuno de la lengua materna como elemento determinante para logros en todos y cada uno de los campos formativos que se dan desde el preescolar, o antes, hasta la educación superior. No hay progreso social con habilidades comunicativas deterioradas; su mejora conviene y favorece a todos.

La defensa de cada lengua, su preservación y continuo enriquecimiento dependen del cuidado y compromiso que se adquiera para que todos, con abierto énfasis en los niños y jóvenes, comprendan la importancia del lenguaje como medio de comunicación, de fortalecimiento de sus procesos cognitivos e inteligencia, de la capacidad de amar y de expresar diversas formas de afecto.

Se abandona la posibilidad de llegar a la plenitud de ser cuando, como humano, se carece del lenguaje para amar, socializar, crear, comprender, cambiar y transformar. Se llega a ser lo que la lengua materna en su amplísimo potencial permita. Una pobreza en su uso debilita la propia condición humana y aísla de las posibilidades de disfrutar a plenitud los bienes culturales y también los materiales que con la lengua materna ha construido cada una de las culturas existentes. Hablar con un lenguaje enriquecido es una condición fundamental para la habilitación de seres sociales y la creación de comunidades pacíficas. La condición de ser social está determinada por la capacidad de usar la riqueza de la lengua y con ella poder establecer relaciones sociales productivas y enriquecedoras de las culturas con sus diversas comunidades.

Cuando aparezca de nuevo en los diversos canales de comunicación, impresos y digitales, la ya reiterada queja, con tono de cantaleta y escrita en voz pasiva, en la que se destacará de nuevo que los estudiantes carecen de las habilidades comunicativas para escribir y comprender lo que leen, podrá observarse que todos rehúyen la responsabilidad del atropello al derecho que tienen los niños y jóvenes para desarrollar habilidades comunicativas apropiadas y de alto nivel. La queja expresada, con reiteración, se manifiesta con dedos acusadores que no apuntan a ninguna dirección, como si tan ominosa radiografía del daño que, por omisión de responsabilidades, se les hace, nadie debiera ocuparse. Sólo se observará la presencia de espacios para los mismos desempolvados y añejos titulares y comentarios en los medios mencionados.

Así, cada vez que se apliquen las pruebas, o con el termómetro que se les quiera medir, se volverán a obtener los mismos resultados y se sacarán los mismos titulares en los medios y canales de comunicación, que a manera de expiación, de un «yo no fui», dejan a algunos satisfechos con la acusación y evasión de responsabilidades; será así hasta que con la siguiente medición aparezcan los mismos resultados y, con la compulsión a la repetición, bastará para muchos volver a señalar que los niños y jóvenes no escriben bien ni comprenden lo que leen.

Los niños son las víctimas. Es preciso cesar todos aquellos señalamientos en los que se les culpa como incapaces de comprender lo que leen y de mostrar un supuesto desinterés y rechazo a la lectura, la escritura y al enriquecimiento léxico. Se sabe que no es una situación que se origina en ellos, sino en el contexto social y educativo en el que están inmersos. Viven en una sociedad en donde las reglas de la clara y sana comunicación se desprecian, la chabacanería y el lenguaje inculto predominan, comportamientos y actitudes que se generalizan convertidos en pésimo ejemplo.

El bajo nivel de logros en las habilidades comunicativas acarrea consecuencias extremas, ya que se niega la predicada alegría de leer y el gozo derivado de la lectura, de la clara escritura y del buen, claro y fluido hablar. Cada niño y adulto tiene el potencial de ser un portador visible de su lengua materna y portaestandarte para anunciar el orgullo de ser su hablante y también como su defensor.

No hay elemento más valioso, cultural, afectivo y de facilitación de los aprendizajes, con efectos significativos, que el dominio desde la más tierna edad de la riqueza que tiene el español. La sonoridad de sus palabras, expresadas en frases y conceptos, reverberará en sus mentes, creando satisfacción y mayor nivel de afiliación con su lengua materna y su identidad cultural.

La escasez en el lenguaje se refleja en la escasez del espíritu. Tal escasez no permite abrir el cofre con la magia, sorpresas y riquezas que tienen las palabras con las cuales se construyen las frases y los conceptos que comunican amor y que crean sociedad, ciencia, cultura y belleza literaria.

 

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