El Mes del Idioma Español: El Escritor se Rige por Reglas y Evita Errores
El Mes
del Idioma Español: El Escritor se Rige por Reglas y Evita Errores
Enrique E.
Batista J., Ph. D.
https://paideianueva.blogspot.com/
En abril,
mes del idioma español, se crea una oportunidad para reflexionar sobre el
compromiso ineludible que todos tenemos de preservar la lengua materna,
enriquecerla y emplearla acorde con sus reglas, para garantizar el fin último:
comunicar con precisión y claridad.
Quienes
escribimos con regularidad adquirimos el compromiso con nuestra audiencia de
comunicar ideas, opiniones, hechos, conceptos, hipótesis o teorías con la
claridad y fidelidad que el lector se merece. Es un compromiso ético ineludible
al dirigir los mensajes escritos a grupos distintos de la población que no
pueden ser ofendidos con comunicaciones confusas, imprecisas o recorridas por
algunos, o muchos, de los variados errores en los que se puede incurrir. Aunque
no sea de modo deliberado, sino descuidado, es una acción que el escritor tiene
el deber de evitar. Todo idioma tiene una intención central: comunicar con
limpieza, nitidez y transparencia. Si no se alcanza esta intención, se produce
un fracaso comunicativo y, en muchos casos, malos entendimientos que dejan muy
mal parado al escritor y con sentimientos de algún nivel de ofensa o de
frustración al lector. No tiene sentido escribir si no va acompañado del
esfuerzo deliberado para que el otro entienda.
Orden,
claridad, precisión y limpieza son imperativos que rigen el comportamiento de
los escritores. La escritura descuidada anula la posibilidad de llegar a la
audiencia con los pensamientos e intenciones que tenemos al escribir. Los
escritores también tienen pecados capitales, el principal de ellos es el
descuido, acompañado de la pobreza léxica o el rebuscado vocabulario que
oscurece la intención comunicativa que se tiene al escribir.
El escritor
está forzado a emplear el vocabulario preciso, habida cuenta de la audiencia a
la cual va dirigida la comunicación; por ello, es preciso superar la tentación
de emplear vocabulario rebuscado tratando de darle riqueza léxica a la
comunicación, pero destrozando la claridad expositiva que se requiere para que
el lector comprenda la intención que con él tiene como escritor.
El escritor
es un demiurgo, o artesano del lenguaje, que no puede abandonar a su alter
ego que, como su otro yo, lo sujeta a reglas claras de imperioso
cumplimiento; reglas que obligan a la ortografía, la gramática, la
sintaxis y la estilística, complementadas con la siempre presente disposición
mental para el cumplimiento correcto y oportuno de ellas. Es labor del escritor
evitar errores que dificultan la comprensión como la anfibología (palabras o
frases con más de una interpretación), y también la superficialidad acompañada
de ausencia de rigor, de preparación o de conocimientos para fundamentar la
intención comunicativa.
La
ortografía, la gramática, la sintaxis y la estilística contienen las reglas
para escribir con las palabras correctas, en frases coherentes y en orden
lógico; son reglas que permiten construir oraciones separadas con los signos de
puntuación apropiados y, así mismo, evitar los escritos planos, sin sabor o
insípidos por desapego a la normas del buen escribir y por carencia de un tono
adecuado al esfuerzo comunicativo. Con base en ellas, se pueden evitar los
rodeos y círculos expositivos viciosos originados en el descuido o negligencia
para cuajar en el texto las ideas correctas o de conectar unas con otras.
Según la
naturaleza del escrito y la intención comunicativa, el escritor precisa escoger
el tono de la comunicación y mantenerlo. Para determinadas audiencias, por
ejemplo, el tono puede ser formal o informal, humorístico, sarcástico o
poético. Según la unidad o hilo expositivo, se puede recurrir a figuras
literarias con el fin de subsumir o resaltar algunas ideas en la exposición,
con la consideración del género literario escogido; géneros que se agrupan en
cuatro grandes categorías: narrativo, lírico, dramático y didáctico, cada uno
con distintos subgéneros. (https://tinyurl.com/kph8byru, https://tinyurl.com/ed7pcxrh).
Claridad y
concisión léxica y expositiva son reglas que no puede violar el escritor. Se
habla y se escribe para ser comprendidos, para establecer relaciones sociales y
afectivas de distinta índole. De la incomprensión surgen infinidad de
contradicciones, dificultades y problemas entre los humanos, entre amigos, en
la familia y también entre culturas y naciones. No tienen sentido los intentos
comunicativos que pueden perturbar las relaciones y el respeto que es preciso
guardar ante las demás personas.
Con
frecuencia, por ser toleradas en el hablar cotidiano, el escritor incurre en
tentaciones expositivas que lo llevan a cometer errores. Se resaltan a
continuación varios de ellos: abusos en el empleo de mayúsculas, de adjetivos y
de adverbios; uso excesivo de la voz pasiva; despreocupación por el empleo de
las tildes; innecesarias redundancias; carencia de debida transición entre
párrafos o secciones; lenguaje soez; apropiación indebida de fuentes o no
citarlas debidamente cuando a ello se obliga; atribuir a algunos ideas o
conceptos que no han expresado con la intención de fundamentar las propias;
empleo descuidado de comodines léxicos (tema, cosa, vaina, usuario, y otros);
empleo descuidado de «verbos débiles» (ser, haber, tener) y de «verbos
"asesinos» (realizar, iniciar y finalizar); abuso del «deber
ser» sin la sustentación apropiada; no dejar claro al lector cuándo se
expresa una opinión o si la argumentación está basada en hechos comprobados;
frases inconexas entre sí, párrafos que contienen varias ideas inadecuadamente
conectadas o con puntuación inapropiada. (https://tinyurl.com/yc544awa, https://tinyurl.com/4pkfrxnh).
Otros
errores comunes que el escritor evitará para que su comunicación sea clara,
precisa y efectiva son: abundancia de adverbios terminados en «mente»;
abuso en el empleo de los gerundios; pedantería y autoalabanzas; combinación
impropia de los tiempos en la narración; escribir simultáneamente en primera y
tercera persona cuando el relato no lo amerita; empezar y dar rodeos para
acabar; emplear figuras literarias carentes de fuerza narrativa o comunicativa
en el contexto o argumentos del escrito; usar terminología especializada o
neologismos sin dar cuenta de ello al lector o sin aclarar a la audiencia no
especializada. (https://tinyurl.com/4pkfrxnh).
El escritor
se cuidará para superar el miedo a no ser entendido y evitar así acelerar la
exposición, perdiendo fuerza expositiva y claridad en la comunicación. Tampoco
puede rehuir el apoyo en los correctores de estilo ya sean personas o los
aplicativos en línea; le corresponde, sin embargo, mantener su independencia y
autonomía crítica frente a las sugerencias que reciba.
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