¿Por qué aprendemos, por qué enseñamos, por qué estudiamos y por qué trabajamos?

 

¿Por qué aprendemos, por qué enseñamos, por qué estudiamos y por qué trabajamos?

Enrique E. Batista J., Ph. D.

 https://paideianueva.blogspot.com/

Aprender, enseñar, estudiar y trabajar son cuatro verbos que están en el origen y consolidación de la identidad como seres humanos. Ellos, además, fundamentan y dan fuerza al verbo existir. Aprender, enseñar, estudiar y trabajar están entrañablemente imbricados desde el primer amanecer con el que despertaron los humanos primigenios. Reflejan esos verbos, en cuanto denotan existencia, estado y acción, los compromisos existenciales con las metas de vivir y de progresar. Al considerar la esencia de esos verbos, se evidencia su imbricación profunda; no puede concebirse alguno sin los otros.

Aprendemos porque el ámbito natural u otro ser humano nos enseña; estudiamos y aprendemos porque precisamos conocer causas y consecuencias de la multiplicidad de fenómenos que enfrentamos en el diario vivir. Ellos son las bases para formular hipótesis predictivas para una vida personal y social segura y productiva. El aprendizaje mediante el estudio de eventos y circunstancias se apoya en las complejas estructuras cerebrales que permiten conocer, crear conocimientos, cultura, artefactos y enriquecer el lenguaje y las habilidades comunicativas. Mediante diversas formas de enseñanza y de trabajo, los conocimientos son diseminados y transformados. La enseñanza no se refiere sólo a la que ocurre en los ambientes escolares, sino a la práctica social de compartir y formar.

Aprender, estudiar y enseñar son los elementos sobre los que se fundamenta el trabajo humano, entendido no sólo como el empleo laboral. La ausencia o carencia de comportamientos sembrados en el aprendizaje cotidiano, y por siempre, en la enseñanza, en el estudio y en el trabajo, crearía seres humanos inanes, carentes de sentido e incapaces de existir.

Se enseña para garantizar el acceso libre al conocimiento y a todos los demás bienes culturales. El trabajo ha llevado a la consolidación de comunidades y naciones, así como a los avances en ciencias, tecnologías, culturas y artes. En esos verbos, que fundamentan la existencia humana, radica la identidad como especie y su supervivencia. Sin aprendizaje, no hay humanidad; no hay comprensión del mundo. Sin enseñanza no hay historia, ni solidaridad empática. Sin estudio no hay progreso, ni adaptaciones creativas, y tampoco desarrollo emocional que haga posible una mejor y más completa comprensión de la existencia humana. Sin trabajo, no hay crecimiento de clase alguna, ni adaptación o transformación creativa; sin trabajo no hay vida.

Bien se puede afirmar que aprendemos para entender (o sea, el aprender), explicar y comunicar los fenómenos naturales, biológicos o mentales (o sea, el enseñar) y, así, adaptarnos (o sea, trabajar) para adecuar el contexto natural, de modo sostenible, para la satisfacción de las necesidades humanas. Estos son procesos que requieren disciplina sistemática y claridad de intenciones para alcanzar los propósitos enunciados (el estudiar).

Aprender es un mandato biológico, a partir de lo cual se pueden conformar grupos sociales productivos y crear sociedades prósperas. Enseñar, por su parte, es un mandato social, base de la solidaridad y del progreso colectivo, fundamento, a la vez, de la creación, mantenimiento y crecimiento de las identidades culturales con metas implícitas de consolidación de los valores esenciales. Aprender no sólo es connatural a lo biológico, sino también a lo social, en interacción con la dimensión cognitiva. Esa interacción (consolidada mediante la enseñanza y el estudio) coadyuva al reconocimiento de la valía de las diferencias individuales, contribuye a la promoción del bienestar individual y colectivo, a la búsqueda permanente de la felicidad y al desarrollo, como se mencionó, de lenguajes como medio idóneo e insustituible para facilitar tanto la interacción social como la comprensión de las realidades vividas (el aprendizaje), el goce, la recreación colectiva y el bienestar emocional de todos.

El trabajo consolida las habilidades adquiridas y permite comprobar, mediante la enseñanza, la validez de las comprensiones alcanzadas, reelaborar los conocimientos y fortalecer las dimensiones culturales, dando soporte adicional y constante a la identidad de las diversas comunidades y naciones. El trabajo fundamenta el bienestar colectivo; nadie trabaja sólo para sí; ni siquiera lo hicieron los anacoretas y otros solitarios cenobitas y ermitaños. Y tampoco Simeón el Estilita.

Los humanos aprenden y estudian como medio idóneo para alcanzar superiores desarrollos cognitivos y afectivos. Articulados con los procesos sociales de enseñanza —no sólo los escolares— aprender y estudiar responden a las funciones cerebrales alcanzadas a través de procesos evolutivos; son respuestas, precisamente, a la pretensión y avidez de la especie para aprender. Redes neuronales cada vez más complejas han mejorado los procesos cognitivos y los correspondientes vínculos con los componentes afectivos, expresados hoy como el aprendizaje mediado por emociones.

Aprender, enseñar y estudiar, con la concurrencia de emociones y sentimientos, han formado parte del amplio acervo de realizaciones humanas; el trabajo ha delimitado formas de integración solidaria de los distintos grupos humanos consolidando, en el proceso, la identidad específica, única y valiosa de sociedades y culturas. «Las emociones y sentimientos han sido de gran importancia para la vida humana, no sólo por su participación en los procesos cognitivos, el aprendizaje y las manifestaciones culturales, sino porque posiblemente desempeñaron un papel relevante en la evolución de la especie». (https://tinyurl.com/yapvevye).

La enseñanza busca acortar los caminos para asimilar las experiencias productivas de la especie y potenciar la capacidad innata para aprender, transformar y crear. Aprendemos con otros y de otros; trabajamos enseñando a otros a estudiar y a aprender, incrementando los sentidos de solidaridad, de autovalía y de satisfacción personal. De ese modo, quien enseña a otros a estudiar y a aprender cambia la vida de ellos y la suya propia.

Se ha señalado que: «Enseñar es una manera de cuidarnos a nosotros mismos, la enseñanza es el centro de la cultura y donde esta nace. Enseñar no solo es una manera de conocer cosas y causas; también es conocer a los otros y a nosotros mismos. Enseñar ayuda a consolidar el conocimiento de quien enseña. ‘Enseñar es aprender dos veces’». (https://tinyurl.com/45azwhcb).

Se estudia con el propósito de poder ser parte de una sociedad de seres libres, plenos de derechos y deberes, y respetuosos de las normas sociales. Se enseña para garantizar un futuro próspero para las nuevas generaciones, para proveer a la sociedad de la necesaria fuerza productiva basada en la inteligencia, para asegurar una vida democrática y la garantía de los derechos, para vivir bajo las normas del Estado Social de Derecho y para comprender colectivamente los procesos sociales, psicológicos y los variantes contextos políticos locales y globales.

La enseñanza, como proceso de formación, se fundamenta en dos principios: todos tienen la necesidad de aprender —no existe modo de renunciar al aprendizaje (es un deber)— y todos pueden aprender (es un derecho). El trabajo permite, a partir de ahí, intervenir los entornos con conocimientos fundados y consecuencias previsibles. Enseñar es un acto de desprendimiento, de compromiso, de trabajo colaborativo que acrecienta la solidez de las organizaciones sociales, la confianza y el respeto mutuo. Enseñar es habilitar la fuente de la inspiración y ser mentor para otros. Se enseña con sabiduría y comportamientos; el trabajo, por su parte, es solidario; es un mandato colectivo para asegurar el bien común, el logro de metas, la realización colectiva, la satisfacción personal y la consolidación de un claro sentido de la vida.

 

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

¡Violencia, Maldita Violencia!

Llegaron los Carnavales: Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

Estrategias de Aprendizaje STEAMS para un Nuevo Modelo Educativo