Para escuelas con futuro: Una nueva primavera para la educación

 

Para escuelas con futuro: Una nueva primavera para la educación

Enrique E. Batista J., Ph. D.

https://paideianueva.blogspot.com/


El surgimiento y presencia, ya bastante generalizada, de herramientas de inteligencia artificial de fácil acceso para el público en general, han dado lugar a reflexiones sobre el impacto que esta puede tener en cuestiones tan cruciales como la formación del recurso humano que necesitan los sectores productivos y la real, o supuesta, desaparición de algunas profesiones. Se agrega, además, la consideración algo profética de algunos que, en el rol de arúspices, presagian que la IA definitivamente dejará a todos sin trabajo. 

De manera interesante, una de las diversas proyecciones y consideraciones sobre el impacto de la IA en la vida de todos, particularmente en la laboral y educativa, ha sido el crecimiento del foco prioritario en las habilidades socioemocionales, las cuales desde siempre han pertenecido al conjunto de metas formativas, pero fueron olvidadas por un sobreénfasis en el aprendizaje simple y acrítico de contenidos; olvido que llevó a la formación de muchos secos de humanidad y a la crisis universal de la escuela. 

No se oculta a nadie que la IA hoy puede tener, y tiene ya, efectos negativos por el uso descuidado o abiertamente impropio de ella. Riesgos que obviamente deben ser considerados en los procesos de formación de las nuevas generaciones y también en los modos de educación no formal e informal, para que cubran también a los adultos. Es prioritario que todos tengan formación para entender la naturaleza de los desarrollos tecnológicos con sus efectos positivos y los riesgos que ya se conocen y que, dejados al libre juego de algunos malintencionados, podrían incrementarse con consecuencias perturbadoras. 

Se puede proclamar, pero no bastará con ello, que la IA no debe reemplazar a la educación formal, pero sí a los modos de enseñar y de aprender. No reemplazará tampoco a los maestros, pero sí a los modos de preparación profesional de ellos y a los métodos tradicionales que los acompañan. Es preciso reconocer que se ha afectado ya de manera sustancial su labor tradicional y que también ese avance tecnológico, y otros, lo seguirán haciendo. 

No es una inescrutable encrucijada, ni una disyuntiva; ni siquiera una opción personal; sus efectos son ya discernibles. Más que un evento traumático, se ha configurado una oportunidad para alcanzar mejores logros escolares mediante la transformación de prácticas educativas; para ello, no bastará el empleo de una u otra tecnología informática disruptiva, ya que los necesarios cambios deben construirse en paralelo con una mayor identificación del maestro con su rol esencial, el logro de una mayor satisfacción con su trabajo, un muy ampliado reconocimiento social y un apoyo social y gubernamental efectivo y visible a su labor. Si, como se ha dicho, la economía necesita más personas y no menos trabajadores (https://tinyurl.com/56ssa5rz), bien se puede afirmar que la IA, y otros conjuntos de tecnologías digitales, necesitan más de los maestros, más maestros, y no menos de ellos. 

Metafóricamente, estamos, en el campo educativo, en el umbral del surgimiento de una nueva primavera, después de años de congelación invernal de las prácticas pedagógicas y de estancamiento, confusión y retrocesos en cuanto al rol que le compete ejercer al maestro. Es una oportunidad para que florezcan nuevas ideas, nuevos modos de enseñar y de aprender, nuevos maestros formados precisamente para el florecimiento de las nuevas generaciones. Es un momento oportuno para criopreservar, como ya se ha dicho, las prácticas escolares ya superadas y dejadas listas para el estudio de los arqueólogos e historiadores de la pedagogía. 

Para salir del gélido y oscuro invierno que congeló en el tiempo las prácticas educativas, surge la oportunidad de trabajo colectivo para avanzar en las innovadoras propuestas de transformación de las prácticas escolares actuales. Conviene aprovechar el momento en el que se sacuden los modos tradicionales de enseñar y de aprender para que, con oportunidad visible y reconocible, se creen nuevos ambientes para el aprendizaje y, con ellos, nuevos modelos de escuela, una escuela reconstruida y adecuada para estos nuevos tiempos y sus circunstancias. Si el aprendizaje debe ser situado; o sea, referido a hechos reales, con mayor razón lo debe ser la escuela misma para que, desde ella, y mediante ella, se puedan prohijar los requeridos aprendizajes. 

La intención o propósito determinante no será la suavización de los efectos negativos previsibles, ya conocidos y sentidos, sobre la sociedad, el mundo del trabajo y la educación que tienen la IA y demás tecnologías digitales disruptivas. En términos educativos, la idea consiste, para decirlo de algún modo particular, en «amaestrarlas», bajo la dirección, exactamente, de los maestros, para acometer las acciones que permitan que, ante los constantes avances en ciencias y tecnologías, sus efectos positivos sean previsibles y aprovechados en la educación, en las escuelas y en los niños y jóvenes. 

No se trata sólo de un ejercicio académico y filosófico de repensar los fines educativos ante las realidades globales de tipo económico y cultural, sino de crear, producir y tornar visibles y reales nuevos modos de concebir el concepto mismo de escuela. Algunos, con reticencia o con abierta resistencia, encontrarán difícil aceptar la necesidad de construcción de una noción distinta de la escuela. La resistencia al cambio en educación es axiomática, lo que ha llevado a que el concepto mismo de escuela y sus modos de operación permanezcan inalterados, preservados. 

Todos aman a la escuela y prefieren conservarla. Pero, de una parte, abundan las «discusiones sobre la preparación para el futuro que se convierten en debates técnicos y limitados sobre áreas del currículo… El futuro de la educación comienza hoy, en la forma en que concebimos nuestro enfoque del aprendizaje. No debemos centrarnos en crear nuevas materias del currículo ni en perseguir las últimas modas y tendencias educativas. El futuro de la educación depende de cultivar una mentalidad y una cultura institucional estratégicas, no de replicar enfoques estrechos». (https://tinyurl.com/596rrmak). 

De modo que, en lugar de caer en el caos y confusión que pueden crear las predicciones amenazantes de los oráculos y los tantos arúspices que abundan en el mundo digital y que señalan un posible efecto de Armagedón para la educación, el futuro de los niños y jóvenes y nefastas consecuencias sobre el mundo del trabajo. Agoreros que, como los jinetes del Apocalipsis, están repletos de mensajes con abundancia del engaño a los incautos (en especial a niños y jóvenes), de hambre creada para el acceso forzado a información maliciosa, la adicción digital como enfermedad mental aniquiladora de la voluntad, la justificación de la guerra, el sojuzgamiento, la pérdida de identidad física y digital, y la inmolación consentida del libre albedrío y de la libertad propia. 

El mantenimiento de la concepción tradicional de la «escuela», como constructo social, está sometido al temor de que la transformación esté acompañada de efectos de naturaleza telúrica que puedan destruir la existente y que, como consecuencia, socavarían los ya debilitados pilares sobre los que se asienta el concepto mismo de escuela que se ha tenido por décadas.

Es necesario superar el temor al cambio para así poder crear y construir nuevos modelos de escolarización fundamentados en el progreso y bienestar local y universal de comunidades y naciones integradas alrededor del progreso colectivo, de relaciones pacíficas, de gobiernos democráticos, con la preservación de las libertades ciudadanas y la búsqueda, inmanente a la naturaleza humana, de la felicidad. «Los educadores deben empoderar a los estudiantes con una mentalidad de innovación y una conciencia ética para salvar la brecha entre el presente y el futuro». (https://tinyurl.com/596rrmak).

 

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