Enterrados en Basura Digital con Sometimiento Consentido y Forzada Esclavitud Digital

 

Enterrados en Basura Digital con Sometimiento Consentido y Forzada Esclavitud Digital

Por: Enrique E. Batista J., Ph. D.

https://paideianueva.blogspot.com/

Estamos rodeados de basura y ahogados por miríadas de toneladas de plásticos en el mundo físico. De modo concurrente, se vive tal calamidad en los entornos digitales, en la sociedad globalizada de bits, bytes y cúbits. Se ha empleado una variedad de términos para caracterizar, desde finales del siglo pasado, a la sociedad en la que vivimos. El acceso al conocimiento y a los modos digitales para producirlo, controlarlo o diseminarlo afecta la estructura y funcionamiento de las sociedades, de la economía, de la geopolítica y de las relaciones, ya no sólo entre naciones, sino también entre individuos. 

Con Internet, se pudo concebir la profundización de la democracia, la superación de las desigualdades en el acceso al conocimiento universal mediante el acceso a la información no solo en tiempo real, sino válida y genuina. Pero, desde el comienzo se abrió, como si fuese un nuevo océano, la brecha digital como una forma de ampliación de la ya existente separación en el acceso al conocimiento entre aquellos que tienen, y los que no, acceso a los medios, herramientas y recursos tecnológicos para aprender, para conocer y para fundamentar decisiones fundamentales de la vida. 

En sus comienzos, se pensó que Internet, con la variedad de servicios, recursos y herramientas disponibles, podría garantizar una sociedad más igualitaria. Pero, como ha sido bien destacado, esa Red no ha alcanzado a manifestar su inmenso potencial para facilitar el acceso universal a distintas fuentes de información con base en las cuales se pudiese acceder libremente a los conocimientos universales o poder generar unos nuevos. Más bien, su potencial, todavía ahí presente, fue oscurecido por quienes han enfatizado su uso comercial y la creación de espacios y plataformas guiadas a controlar no sólo el acceso a las fuentes de información, sino también a la mente y voluntad de las personas, entre otras, mediante estrategias, también bastante conocidas, para perfilar a cada persona y, de ese modo, poder decidir para cada uno la ración particular de información que pueda y deba recibir. Es parte de lo que se ha denominado sometimiento consentido o forzada esclavitud digital. 

De ese modo, se ha bloqueado, en grado extremo, no sólo el acceso consciente y libre a los recursos de información, con sus niveles altos de conveniencia y utilidad para conocer, aprender, participar y crear libremente, sino que se ha llegado a capturar a desprevenidas mentes para moldear su carácter intrínseco de modo que actúen y respondan a determinados intereses inicuos o inmorales de los que crean y mantienen plataformas digitales o emplean otra variedad de estrategias para el control de las personas. Por ello, se ha dicho que no sólo está en riesgo la vida social, los derechos individuales y colectivos y la democracia, sino también la vida personal, reservada e íntima, de cada individuo. Se da un efecto visible sobre la formación o alteración del carácter individual y la conciencia colectiva. Se ha abierto el camino para llegar a una uniformidad en los modos de crear, de pensar, de existir, de hablar, de amar, de crecer y de creer. Es decir, la creación de nuevos clanes constituidos por miembros subyugados y dirigidos por chamanes empresarios o por controladores digitales para satisfacer determinados intereses personales, comerciales, ideológicos o políticos. 

De otra parte, la posibilidad de que cada uno pueda ser productor de contenido, la que ha sido una meta loable, ha derivado, más bien, en la creación de basura digital, con la abierta carencia de basureros en los espacios digitales o de quienes pudiesen encargarse de limpiar la tóxica suciedad y los cada vez más abundantes desperdicios digitales en los campos y caminos que en el mundo digital se trasiegan a diario. Es abierto y visible el riesgo de afectación de mentes y voluntades con la basura digital que intoxica y enferma a muchos y que, en variedad de situaciones, beneficia a algunos pocos. Existen los incrédulos que, frente a las advertencias y efectos negativos visibles, niegan la realidad. En muchos casos, es basura producida sin intención maligna, pero que circula con facilidad, ya con algún sello de credibilidad o simplemente como contenidos sin ningún sentido, pero que llenan espacios, de manera abusiva, en las redes sociales y en las plataformas de correo digital. 

Muchos recurren a la suscripción a múltiples redes sociales para asegurarse, con improductiva ilusión, de que no perderán ninguna nueva información, lo que es un camino expedito para atosigarse de basura digital y de circularla, de manera automática y sin sentido comunicativo de real valía, entre los contactos personales. Cumplen, de ese modo, la tarea automatizada, con una exagerada compulsión obsesiva a la repetición basada en los pensamientos intrusivos sembrados en sus mentes, frente a lo cual no tienen control alguno, sin saber por qué. Se trata de la soledad del zombi cuya conciencia y voluntad han sido secuestradas para vivir entre la basura digital y, como ávido basuriego, inundar y contaminar los ambientes de tranquilidad y salud mental propios y ajenos. 

En promedio, los niños y adolescentes pueden pasar entre 4 y 10 horas al día en redes sociales y plataformas digitales, mientras que los jóvenes adultos rondan entre 3 y 5 horas;  los adultos suelen dedicar entre 2 y 3 horas diarias. No puede darse tanto desperdicio de vida productiva en medio de tanta basura digital. Los procesos formativos se van por el desagüe digital y se resaltan el agotamiento y los problemas de salud mental. Además, como ha sido señalado, el crecimiento del contenido creado con inteligencia artificial está dañando tanto la creatividad como las habilidades sociales. Se ha estimado que «ahora pasamos el 48% de nuestro tiempo en línea». (https://shorturl.at/I3Zry, https://shorturl.at/pFR9l, https://shorturl.at/Dm2gh). Se sabe y se puede predecir, con alto nivel de acierto, qué clase de contenido circula cada persona.

Se requieren mecanismos y herramientas para la limpieza e higiene en Internet que, con basura digital, está enfermando a todos, particularmente a niños y jóvenes. También se precisa de intervenciones, a manera de tratamientos de asepsia, desinfección y purificación, para alcanzar el mundo deseado de Internet para la libertad, para la igualdad en el acceso a los recursos de información necesarios para vivir, recrearse y aprender y, así mismo, para contribuir a la creación de sociedades globales solidarias. 

En 2025 The Economist, para caracterizar el estado actual de Internet, seleccionó como término del año a «slop», que puede traducirse como bazofia: una mezcla insípida y repetitiva de contenido producido tanto por máquinas como por personas que han dejado de preocuparse por la calidad. Slop no es un tecnicismo, ni una moda pasajera, es una caracterización de la abundancia de contenido digital hoy sin valor o significación útil, cual descuidado relleno sanitario, ahora acrecentado por la inteligencia artificial y por contenidos producidos también por máquinas y granjas de bots que, en una variedad amplia de ellos, tienen fines de «clickbait» (marketing digital engañoso) y monetización. Internet se ha convertido en «una mezcla insípida y repetitiva de contenido producido tanto por máquinas como por personas que dejaron de preocuparse por la calidad»; es la representación del caos digital y la abundante existencia de mentes caóticas introducidas por algunos de manera deliberada y a la que son arrastrados muchos, sin su conciencia, pero con la creencia de que informan o entretienen a otros con esa basura digital que consumen, pero que alimenta mal a cuerpos y espíritus. (https://tinyurl.com/376dx7m8, https://tinyurl.com/3k3n2wwb). 

The Economist recalcó el estado actual de la cultura digital y la lógica que ha impregnado a Internet donde prima el contenido anodino, nimio e insustancial con prevalencia de la rentabilidad que desplaza a la identidad cultural. Existe una difusión, por «slop merchants» (poderosos mercachifles de basura digital), de información creada por cuentas automatizadas en países como Pakistán, Nigeria o Tailandia que inundan a las redes sociales llenas de clips con voces sintéticas y escenas fabricadas; la experiencia de navegar por Internet se volvió monótona y poco confiable, con materiales que «parecen contenido, pero saben a cartón». (https://tinyurl.com/376dx7m8). 

Se recuerda que en 2024 la expresión «brain rot» (traducción literal: podredumbre cerebral) fue seleccionada por el Oxford Dictionary para referirse al deterioro mental o intelectual de una persona por el sobreconsumo de material en línea trivial o sin ningún elemento desafiante, presente como una tendencia a devaluar las ideas complejas para centrarse en los contenidos de baja calidad y de bajo valor que se encuentran en las redes sociales y en Internet.  ((https://tinyurl.com/4h5hw8n9).

 


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