Ciencias del Aprendizaje: Aprender, cuestionar, crear, transformar, crecer, amar y vivir libres

 

Ciencias del Aprendizaje: Aprender, cuestionar, crear, transformar, crecer, amar y vivir libres

Enrique E. Batista J., Ph. D.
https://paideianueva.blogspot.com/

Enseñar es para aprender; enseñar es mostrar el camino; enseñar es para formar. Los deseos persistentes de mejorar la calidad de la educación y de los aprendizajes escolares no podrán alcanzarse si no se apoyan en los avances científicos y los principios originados en las «ciencias del aprendizaje». Ellas contienen los fundamentos para cambiar las estrategias improductivas que emplean los alumnos para aprender.

Para la enseñanza se ha empleado una variedad amplia de métodos. Pero, como está bien probado y conocido, no todo intento de enseñanza conduce a los resultados positivos esperados, en especial cuando el método se apoya en creencias erróneas sobre la memoria, sobre cómo se aprende y cómo se olvida. Ha estado distante el conocimiento del papel que desempeña el cerebro en el aprendizaje y la recordación; en el cerebro radica el intelecto, la capacidad de raciocinio, de creación y de innovación, así como el conjunto amplio de sentimientos y emociones humanas que acompañan el aprendizaje. Sin emociones positivas, no se dan las condiciones para aprendizajes sólidos y duraderos; las emociones permiten darle significado y permanencia a lo que se aprende, movilizan el potencial que tiene todo ser humano para que, con fortaleza volitiva, pueda aprender y continuar aprendiendo, siempre, mientras se viva.

No habrá ni podrá existir aprendizaje fuera del cerebro. Parece obvio, pero las prácticas formativas en el conjunto de la sociedad, la familia y en las escuelas no innovadoras olvidan, con frecuencia, que el cerebro tiene entre sus funciones esenciales el aprendizaje; es el órgano para la expresión del conjunto básico y esencial de las emociones humanas. Si bien el cuerpo humano requiere descanso, el cerebro permanece siempre activo procesando información e incorporándola al acervo vital que tiene todo ser humano para comprender el mundo y sus condiciones, intensificar sus relaciones sociales y cuidar de sí mismo.

El cerebro es el órgano esencial para crecer, amar y vivir. Enseñar requiere consentir y cuidar el cerebro de quien aprende. Se requiere, además, ser consciente de su potencial para asegurar que las redes neurológicas se mantengan siempre activas, preservadas y cuidadas, ya que de ellas depende siempre la posibilidad de tener una comprensión cada vez más genuina del mundo y de las condiciones en las que se vive.

El cerebro está vivo y nos mantiene vivos. Ello es así porque en él radica la vida cognitiva, emotiva y volitiva. Aprender con el cerebro y enseñar para el fortalecimiento de las redes neurológicas que gobiernan los procesos de aprendizaje es una regla permanente de imperioso cumplimiento. El cerebro siempre está activo, incluso en los momentos de relajación o de sueño; esa es una razón poderosa por la cual no cabe hoy ninguna estrategia o método de enseñanza pasiva; el cerebro no lo tolera.

Desde finales de los años 1800, se realizaron los primeros esfuerzos de naturaleza científica para explicar el aprendizaje humano. A lo largo del siglo XX surgieron reconocidas teorías sobre el aprendizaje. Con ellas, en general, se buscaba proveer a la enseñanza y al aprendizaje escolar de un sustrato científico para superar la errónea creencia de que el aprendizaje era fundamentalmente un ejercicio pasivo de memorización de determinados contenidos o reglas. Siguen vigentes muchas concepciones que señalan que la lógica de algunos maestros es incuestionable, y que siempre tienen la razón y que, sin reparo, todos aprenden por igual, al mismo ritmo y con las estrategias específicas que emplea cada maestro.

La rígida disciplina, basada en escuchar con atención, la presencia del miedo y el temor al castigo físico, a la exclusión, a atropellos morales y a lesiones a la autoestima, siguen vigentes entre algunos que conciben que de ese modo se asegura el aprendizaje.
No ha sido posible tener un «cuerpo sano con una mente sana». Mente que es amenazada o subyugada mediante el temor como herramienta de enseñanza. Una consecuencia grave es el sometimiento del alumno a la escucha pasiva impuesta por los métodos tradicionales de la vieja pedagogía sin opción de ser partícipe activo y consciente de su propio aprendizaje y de desatar el inconmensurable poder del cerebro para aprender, cuestionar, crear, transformar, crecer, amar y vivir libres. Semejante poder es, con frecuencia, restringido en la escuela. Es el reino de la pedagogía tradicional, enmohecida, pero vigente.

Existen las «Ciencias del Aprendizaje» que concurren con sus diversas explicaciones científicas sobre el aprendizaje desde campos como las neurociencias, la psicología cognitiva, la informática, la lingüística, la inteligencia artificial y otras. Con base en las «Ciencias del Aprendizaje» se han introducido cambios esenciales en los procesos formativos escolares, ya que coadyuvan a sobrepasar anacronismos de la pedagogía tradicional al enfatizar cómo se aprende en contextos reales, incluidos los aprendizajes extraescolares. Estas ciencias son «un campo de estudio interdisciplinario que investiga los procesos mediante los cuales los seres humanos aprenden. Se basa en una larga trayectoria de investigación en psicología del desarrollo, lingüística, neurociencia y educación, entre otras disciplinas». (https://shorturl.at/3XMmc).

Esas ciencias surgieron apoyadas en los avances, en los años 80 del siglo pasado, de la psicología cognitiva. Su inserción formal como «Ciencias del Aprendizaje» se dio con la publicación del «Journal of the Learning Sciences» (https://shorturl.at/nzss4) y la creación de la «International Society of the Learning Sciences». (www.isls.org). Se resalta hoy que: «A medida que el campo madura y continúa creciendo, ahora abarca perspectivas históricas, ecológicas y críticas que nos dirigen hacia cuestiones de equidad, justicia y consideraciones de poder en los procesos y entornos de aprendizaje».

Un mapa visual de los principios de las «Ciencias del Aprendizaje» es el siguiente:

Fuente: https://shorturl.at/MrsvN

Las «Ciencias del Aprendizaje» tienden el necesario e ignorado puente entre las ciencias y la educación, a la vez que permite establecer las bases para la innovación tanto en la enseñanza como en el aprendizaje escolar y extraescolar. (https://shorturl.at/zueo2). «Los avances en este campo proporcionan valiosos conocimientos que pueden ayudar a transformar la educación y mejorar los resultados del aprendizaje, al cuestionar los enfoques pedagógicos tradicionales y experimentar con métodos innovadores de enseñanza y aprendizaje». (https://shorturl.at/qwXx1).

En marzo de 2024, bajo la orientación de la UNESCO, se creó la «Alianza Mundial sobre la Ciencia del Aprendizaje para la Educación». La «Ciencia del Aprendizaje», en singular, concebida como «una comunidad internacional dinámica de prácticas que tiende puentes entre los científicos, los responsables políticos y los profesionales de la educación». Esa Alianza ha fijado como objetivo la imbricación entre los avances de la investigación científica con los procesos de mejora de los procesos educativos, de las prácticas pedagógicas y de los métodos de enseñanza y de aprendizaje. (https://shorturl.at/qwXx1).

En lo concerniente a las instituciones que forman maestros, se requieren deslindes conceptuales más precisos, con sus implicaciones prácticas, entre los constructos de pedagogía, ciencias de la educación y ciencias del aprendizaje.

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