El Futuro del Mundo del Trabajo o el Futuro sin Trabajo
El Futuro del Mundo del Trabajo o el Futuro sin
Trabajo
Enrique E. Batista J., Ph. D.
https://paideianueva.blogspot.com/
Es una
disyuntiva que está presente hoy entre todos los humanos. Es preciso recordar
que, desde el punto de vista cristiano, el trabajo es un mandato de Dios,
consecuencia del pecado original. En el paraíso terrenal no era necesario el
trabajo, porque todo lo que se podía necesitar para vivir estaba abiertamente
disponible en tan sagrado lugar. Pero «la tentación la pintan calva» y
un atractivo, bello y oloroso fruto no podía pasar desapercibido. El pecado
original, entonces, entró por deseo y apetito de poder incontrolable. Desde
entonces, ser humano significa trabajar.
Pecar y
trabajar se volvieron sinónimos; el uno llevó al otro. Por eso, en el Génesis,
el Dios creador dejó claro, tras la expulsión de la primigenia pareja humana
del paraíso terrenal, que ellos vivirían en un mundo lleno de cardos, espinas,
abrojos, sudor y sobresaltos. «Te ganarás el pan con el sudor de tu frente»,
les dijo el Creador (Génesis 3:19-20). Esa pareja tuvo que aprender
inmediatamente la idea y la tarea del trabajo. Desde entonces, con el trabajo
se ha construido el mundo actual con todas sus conveniencias y vicisitudes.
Trabajar se convirtió en un desafío humano para desarrollar el cerebro como su
órgano más potente, por encima de los músculos, no siempre apropiados para
desempeñar los trabajos que se requiriesen para la supervivencia de los
primeros y actuales, habitantes humanos del planeta. No puede existir progreso
y bienestar humanos sin trabajo.
Si seguimos la
explicación religiosa, el trabajo lo hizo Dios como castigo. Indicó con
claridad a la pareja inicial humana que ella parirá sus descendientes con
esfuerzo y con dolor, lo que llegó a llamarse el «trabajo del parto». Con
énfasis de castigo le dijo: «Con dolor parirás los hijos» (Génesis
3:17-19). Traer descendientes implicó que la continuidad de la especie humana
dependía del trabajo para la transformación del medio natural y la consecución
de los elementos esenciales para la supervivencia, y aun la de procrear a las
nuevas generaciones con el trabajo del parto.
Pero, ya en el mundo de las ciencias, en Física, el trabajo
es una forma de transferir energía con fuerza, con la condición de que esta y
el desplazamiento deben estar en la misma dirección para que se alcance el
propósito deseado. Se requiere conciencia, colaboración y alguna otra forma de
fuerza humana mental y de voluntades asociadas a creaciones tecnológicas y a
actitudes que eviten esquivar el aprendizaje. No hay trabajo productivo sin
aprendizaje. Por el simple hecho de ser individuos sociales, siempre fueron
requeridas las habilidades interpersonales como el liderazgo, la solidaridad,
el trabajo colaborativo en grupo y la apertura a aprender a aprender, a
aprender siempre. Esos son asuntos que hoy se enfatizan en las proyecciones de
las «nuevas habilidades» que precisa tener la fuerza laboral para el
desempeño ahora, en 2030 o en 2040; pero esas habilidades siempre han estado
presentes y han sido requeridas y valoradas para el trabajo humano como
requisito de supervivencia desde que se abandonó el paraíso terrenal. O sea,
desde siempre, aunque hoy, como ayer, hayan adquirido más visible relevancia.
El cancionero
popular bien relata que el trabajo lo hizo Dios como castigo y que, como ser
humano, es más conveniente dejar el trabajo al buey. Queriéndose decir que,
para la supervivencia humana mencionada, el hombre no sólo se adaptó a la
naturaleza, sino que la transformó, creando tanto herramientas como
oportunidades de vinculación productiva con seres vivos de la naturaleza para
que su trabajo resultase eficiente y productivo. De ahí la idea de que el buey
podría desempeñar el trabajo de los humanos.
El cantor Alberto Beltrán, en 1954, con la
Sonora Matancera lo expresó en el canto «El Negrito del Batey»,
con estos versos:
A mí me llaman
el negrito del batey,
porque el
trabajo para mí es un enemigo.
El trabajar yo
se lo dejo todo al buey
porque el
trabajo lo hizo Dios como castigo.
La vida,
resaltó, es para gozarla, por eso agregó en su canto:
A mí me gusta
el merengue apambichao'
con una negra
retrechera y buena moza.
A mí me gusta
bailar de medio lao'
bailar medio
apretao' con una negra bien preciosa.
Y siguió:
Porque esto de trabajar
a mí me causa dolor,
porque esto de trabajar
a mí me causa dolor.
(El lector puede escuchar la canción aquí: https://www.youtube.com/watch?v=AZHmbdQD0nE).
Seguro que se trata de un canto de añoranza de la libertad,
un canto desde la penuria, de la lejanía de los bienes espirituales, materiales
y sociales y del deseo de fuga de la explotación laboral, ya que el batey se
refería a los ambientes de trabajo y de vivienda en las plantaciones de caña de
azúcar.
Y «ganarás la vida con el sudor de tu frente», pero
las sociedades humanas evolucionaron para que algunos pocos se ganaran la vida
con el sudor de la frente de los otros, de los muchos otros. Y Celia Cruz,
en composición de Víctor Daniel, puso el nivel de optimismo para vivir en el
canto «La Vida es un Carnaval»:
Todo aquel que piense que la vida es desigual
tiene que saber que no es así.
Que la vida es una hermosura, hay que vivirla,
Ay, no hay que llorar (No hay que
llorar)
Que la vida es un carnaval
Y es más bello vivir cantando.
Y las penas se van cantando.
Todo aquel que piense
que la vida es cruel
nunca estará solo.
Hay que vivir cantando,
Dios está con él.
La canción fue
compuesta, señala su autor, tras observar en la televisión las noticias sobre
el atentado terrorista del 18 de julio de 1994 que ocurrió en Buenos Aires
contra la Asociación Mutual
Israelita Argentina - AMIA. El canto fue concebido como
una obra optimista que sienta las esperanzas en el amor, en la comprensión
entre los humanos y en la siempre presencia de Dios, que eternamente está con
los que sufren. «Colombia
era un país que ella visitaba muchísimo y dijo: 'Oye, esta canción es perfecta
para Colombia'. En el término personal de Celia, ella la grabó pensando en los
momentos que vivía Colombia». (https://shorturl.at/bEWlQ).
No hay manera,
el futuro del mundo del trabajo es el futuro de la humanidad; el trabajo es la
energía que ponemos los humanos para avanzar todos en una misma dirección, como
lo señalan los científicos en la física. Sin trabajo, no hay futuro. No se
puede ceder el trabajo sólo al buey, porque, aunque la vida es cruel, el humano nunca
estará solo. No existe el trabajo en la soledad; siempre existe la referencia a
otros, a todos. «Hay que vivir cantando» mientras que, con trabajo,
construimos la sociedad igualitaria, con el apoyo y voluntad divina superior.
Recordemos con la canción que «En la vida no hay nadie
solo; siempre hay alguien más… nunca estará solo, Dios estará con él».
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