Hibridación en el Aprendizaje y Anacronismo en la Enseñanza
Hibridación en el Aprendizaje y
Anacronismo en la Enseñanza
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En enero, después de un período de vacaciones, los estudiantes, los maestros y el personal directivo y administrativo regresa a las escuelas. «Felicidades en Año Nuevo» se desearán, con plena sinceridad y con la alegría de volverse a encontrar con amigos y también con colegas. ¿Año nuevo? sí, pero regresan a la misma vieja escuela, no exactamente abundante en felicidades. El regreso pondrá, otra vez, de manifiesto la incongruencia entre los procesos tradicionales y carentes de innovación en formación escolar y la realidad que se sobrepone a ellos en un mundo en donde se accede a información y se aprende por senderos diferentes a los que han marcado la historia de la educación, senderos que gobiernos y escuelas insisten en mantener.
Se presenta un campo de confrontación de visiones
diferentes del mundo entre aquellos que persisten en mantener la ausencia de
transformaciones en los procesos formativos escolares y los que promueven,
entre ellos las nuevas generaciones, las necesarias nuevas ideas y visiones de
la educación, de la escuela, de mundo laboral y de la sociedad en general.
Por sus experiencias cotidianas, esas nuevas generaciones
son híbridas en muchas facetas de sus vidas. En sus procesos de comprensión del
mundo físico y social son híbridos, ya que son capaces de aprender mediante
diversos medios, mediaciones y recursos; o sea, que pueden aprender
independiente del curso que le fijan los maestros. No reconocer esta realidad,
genera alguna forma de malquerencia hacia los procesos escolares, e incluso
hacia la escuela misma y, un poco más allá, frente al mismo medio social, la
misma sociedad que les niega la posibilidad de autonomía en el aprendizaje y en
el acceso a los medios y recursos que deben tener disponibles para su propia
formación.
No niegan esas generación el papel importante que
pueden desempeñar, en sus procesos formativos, los maestros; pero sí reclaman
cambios fundamentales en las concepciones y prácticas pedagógicas que los
limitan en su capacidad de crecer cognitiva y afectivamente, mediante actitudes
y reglas que los encierran en un modo particularmente estrecho, y seguramente anacrónico,
de aprender y, en especial, de llegar a ser. El anacronismo oscurece
posibilidad y la habilidad de poder ser, de estar y de comportarse de modo
distinto a lo tradicional, frente a la realidad palpable que, sin disimulo, les
muestra a los alumnos el mundo externo físico, natural y social.
El anacronismo escolar da alguna forma de tranquilidad
internas psicológica a quien lo vive y preserva, pero que se constituye en una
profecía autocumplida en la que las creencias sobre la efectividad de sus
métodos de promover el aprendizaje se convierten, para ellos, en una realidad
inalterable, profecía que es negada y superada por la ola incesante de cambios.
Como aprender es cambiar, por ello la escuela con sus prácticas educativas,
pedagógicas y sociales tienen que cambiar acorde con los hechos y realidades
que la afectan de manera permanente, ahora de modo más acelerado que
nunca. Las escuela de hoy no puede ser
la misma de una década atrás, ni será igual dentro de 10 años. Una educación para
la segunda cuarta parte del siglo XXI conlleva a un dinamismo transformador,
esencial, inevitable e irrenunciable para no ser anacrónica y para poder superar
lo absurdo, lo contraevidente, la incoherencia y hasta la ridiculez de
prácticas educativas y pedagógicas anacrónicas.
Se suman a estas circunstancias comportamientos y
actitudes de las nuevas generaciones frente a la valoración de la educación con
un conjunto de actitudes y creencias diferentes a las de las generaciones
anteriores que, en buena parte, es la misma en la que algunos maestros actuales
sustentan su labor. Situación que, para los estudiantes, crea una hecho de
disfunción perturbadora de la relación pedagógica y de los aprendizajes; la que
se manifiesta entre lo que han hecho por años los maestros y lo que les
correspondería a ellos hacer para afrontar los retos nuevos que sacuden la
esencia tradicional de su rol.
Ha sido reiterado que la educación formal en todos sus
niveles enfrenta, en estos tiempos, el desafío más fuerte y desafiante que
jamás había tenido a lo largo de la historia. Hoy, debido a acontecimientos y
avances sustanciales en los modos de diseminar, acceder a la información y de
validarla, existe el sustrato para aprender más, mejor y más rápido, como una
posibilidad y conveniencia para cada uno de los estudiantes, siempre y cuando
dispongan de los recursos digitales para acceder a ellas en tiempo real.
Hace pocos años a raíz de la crisis sanitaria mundial
que obligó al cierre de instituciones educativas, se hicieron más evidentes
procesos formativos que ya habían sido denominados «híbridos», los que combinan,
con variadas maneras y énfasis, algunas formas de aprendizaje presencial con otras
de trabajo del maestros y alumnos apoyados en plataformas tecnológicas.
La idea de formación híbrida, e incluso totalmente
independiente del maestro, gana espacio en los procesos formativos de las
nuevas generaciones. Los tutores y asistentes digitales están disponibles para
que, apoyados en recursos, como los de la inteligencia artificial, puedan adelantar
procesos de aprendizaje independiente del mismo maestro. Esos tutores o
asistentes digitales no obstruyen la labor de maestro, la puede facilitar,
apoyando el aprendizaje individualizado y prescriptivo, con evaluación inmediata,
sin sanción por respuestas incorrectas o lentitud en el aprendizaje; además, pueden
facilitan mejor interacción entre el estudiante y el maestro, así como la
colaboración entre alumnos.
De hecho, es entendible que algunos maestros con
reconocidas habilidades y entusiasmo por su labor profesional, pero sin
conocimiento o acceso a recursos tecnológicos sean indiferente frente a una educación
híbrida o la totalmente independiente. Por esa misma razón podrían rehusar considerar
el empleo de asistentes digitales para facilitar sus labores formativas
escolares; lo cual guarda correspondencia con la preservación de su papel
tradicional centrado en la posesión única del conocimiento y en su habilidad
para «trasmitirlo» a sus alumnos, bajo la falsa creencia pedagógica de
que el conocimiento se transmite. Se transmite la información; el conocimiento
se genera a partir de ella para fundamentar unos nuevos y para poder seguir
aprendiendo.
Es bastante visible que, apoyados en recursos
digitales, los alumnos puedan generar entre ellos y de manera colaborativa
propuestas de aprendizaje que van paralelas a aquellas que tiene y esboza el
maestro, usualmente en lo que se llama el programa de la asignatura, que muy
pocas veces se refiere a las metas y aspiraciones formativas que tienen los
estudiantes. Es decir, hay una disfunción entre el modelo educativo que persiste
en gobiernos y muchos maestros y los deseos y medios actuales de crecer, para
llegar a ser, aprender y crear, que tienen a los alumnos.
Cabe bien reiterar la crisis acentuada de los modelos
formativos de los maestros, en dónde los profesores que lo forman también están
recorridos por la misma contradicción que experimentan los maestros en la
cotidianidad de las escuelas.
En la hibridación de los procesos formativos, ha
entrado a jugar un papel central la inteligencia artificial, en mitad de la
confusión e incertidumbre que genera su presencia que, en estas fases iniciales
de desarrollo, definitivamente ya ha perturbado el papel tradicional de los
educadores y reenfatizado la autonomía que tienen los alumnos para aprender de
modo activo, tanto individual como en grupos,
dada una valoración clara de la importancia y limitaciones que tienen
las plataformas, las herramientas y aplicativos digitales. Hoy enfrentan los
maestros el reto de trabajar en ambientes híbridos.
Una formación híbrida también tiene efectos no solo en
la superación de la evaluación y la calificación escolar como sanción, sino que,
a la vez, lleva a una reorganización de los procesos educativos y
administrativos escolares afectando la idea misma de aula tradicional, de horarios
y calendarios, así como a la superación del modelo vigente sustentado y
mantenido, a pesar de que todas las evidencias son contrarias, que se rehúye la
personalización de los procesos formativos, el aprendizaje adaptativo y la promoción
de la autonomía para aprender, ahora con posibilidad de ser apoyados por
tutores digitales que pueden ayudar a simplificar la labor del maestro y a alejarlo de las rutinas improductivas que
siguen caracterizando su trabajo y obstaculizando sus capacidad innovativa y la
creación de ambientes productivos de aprendizaje.
La
hibridación supone que los estudiantes tengan acceso a los medios digitales y
que los maestros posean las habilidades digitales y que sean, ellos también, capaces
aprender con los recursos de la IA y de los mismos asistentes digital. Tales
desarrollo digitales no reemplazarán al maestros, pero ya si lo han hecho, de
facto, a los que persisten en una enseñanza improductiva y anacrónica y que,
además, carecen de habilidades informáticas.
Se
requieren maestros con solidez
intelectual y moral, con adecuada formación para el empleo de estrategias de
enseñanza y aprendizaje ya validadas como efectivas. Maestros que tengan
riqueza interior y los conocimientos y habilidades informáticas que les permitan
identificar los medios tecnológicos que puedan resultar útiles para los
procesos de aprendizaje y que ofrezcan en su empleo cotidiano seguridad y
protección frente a ataques digitales, tanto a ellos como los alumnos. Es decir, se requieren maestros íntegros y también maestros híbridos mediante la
incorporación crítica en sus proyectos formativos de los apropiados recursos
digitales.
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