El Derecho a una Educación de Calidad para Todos: Lejos de Políticas Públicas Efectivas
El Derecho a una Educación de Calidad
para Todos: Lejos de Políticas Públicas Efectivas
Enrique E. Batista J., Ph. D.
https://paideianueva.blogspot.com/
Empieza o continúa el año
escolar en enero, con los
niños y jóvenes que son sujetos de derecho, como lo debería ser la escuela
misma, concebida como institución social esencial. La educación, como un
derecho, es objeto de formulaciones y consideraciones en las constituciones
políticas, leyes, acuerdos y declaraciones internacionales, en las propuestas
programáticas de gobernantes, en planes decenales y en una generalizada
formulación de políticas públicas. En todas, se plantea y se acepta que la
educación es un derecho fundamental e inalienable.
Una política pública, es
social, es integral, reconoce necesidades y potencialidades, es participativa,
es a mediano y largo plazos, señala prioridades, es inclusiva, integral y,
además, articula diversos campos de acción y sectores de la ciudadanía.
Según la UNESCO, la política pública es entendida como un instrumento social e integral que reconoce tanto necesidades como potencialidades. No se trata de la expedición fría de una norma legal, sino que debe ser el resultado de un proceso participativo regido por un conjunto amplio de valores, entre los cuales están la igualdad, equidad y la inclusión. De ahí, que una política pública bien fundada priorice el bien general por encima de los intereses de algunos sectores en la sociedad. (https://shorturl.at/OL2xw).
Las políticas públicas se
refieren al conjunto de acciones y decisiones que los gobiernos toman para
abordar problemas y necesidades de la sociedad. (https://shorturl.at/DGwW2).
Algunas son universales y otras focalizadas en distintas necesidades de
determinados sectores sociales; unas y otras se rigen por los valores sociales
y políticos de igualdad, equidad e inclusión y apuntan a regular de manera
armoniosa las relaciones entre diversos grupos sociales, evitar la impropia
competencia y la interferencia en sus propósitos por el choque de intereses
particulares, poniendo el bien general por encima de los particulares.
La política pública da
cuerpo preciso y participativo a una propuesta programática de gobierno. Para el ciudadano no basta con que se publique la
norma, bajo el supuesto de que tendrán acceso a ella, sino que ella debe
vivirse y ser palpable en resultados públicos, en el bienestar general de la
población en el campo específico al que apunta la política pública. En el caso
de la educación, se manifiesta en resultados visibles, en calidad para todos,
igualitaria e inclusiva, con garantía permanente como derecho fundamental e
inalienable
Una política pública es
sobre todo pública. Se espera que el ciudadano de por sí, o por medio de sus
representantes electos, participe en su formulación, ejecución y evaluación.
Con la plena identificación y priorización de necesidades, se formulan programas
y proyectos con metas específicas y con precisas fuentes de financiación para
ser alcanzadas en un determinado período de tiempo. En el campo de la
educación, esas metas usualmente se agrupan en cobertura total, facilidad de
acceso, inclusión y equidad, aseguramiento de la permanencia, calidad de los
procesos formativos para todos y apoyo a las variables que se asocian y afectan
esa calidad.
En la definición de una
política pública para la educación, ésta es reconocida como un derecho
fundamental, un bien público; un derecho que hace posible el ejercicio de otros
derechos fundamentales y, en consecuencia, es base esencial para la consolidación
del Estado Social de Derecho y la construcción de una sociedad igualitaria,
pacífica con ciudadanos participativos que encarnan los valores sociales y
culturales de una sociedad democrática, igualitaria, inclusiva, multicultural y
multiétnica.
Esa política pública se
expresa para responder a necesidades educativas de la población identificadas
por los gobernantes y por la ciudadanía misma. Con su formulación se busca
asegurar el disfrute del derecho a la educación y la eliminación de los obstáculos
que afrontan muchos para acceder a ella y a sus beneficios inherentes.
Las políticas públicas han
sido consideradas como un campo interdisciplinario y con un claro objetivo
aplicado que apoya las acciones sociales de gobierno para alcanzar altos
niveles de eficacia, eficiencia administrativa y legitimidad gubernamental. Se reconocen
las características primordiales de una política pública exitosa: Alcanzar
objetivos de interés o beneficio público y ser resultado de un proceso que
implique el uso de metodologías que aseguren llegar a las mejores decisiones
para satisfacer una necesidad o resolver un problema específico. (https://rb.gy/9ogtkf).
En el contexto actual, las definiciones han evolucionado hacia la «Política Pública Basada en Evidencias y Datos» y gobernanza digital para garantizar que los gobiernos sean ágiles y efectivos en la atención a las necesidades de la ciudadanía. De modo concurrente, se ha creado el concepto de gobierno inteligente, identificado con «cinco factores institucionales que se deben tomar en cuenta para implementar iniciativas de gobierno inteligente: compromiso político; gobernanza clara; comprensión legal; conciencia digital; e infraestructura y estándares de Tecnología de Información». (https://shorturl.at/nTvA2).
En un Estado Social de Derecho, las políticas públicas precisan ser compromisos de gobierno que se cristalicen en progreso colectivo. «Las políticas públicas sociales requieren trascender su tradicional función de distribución de bienes y servicios públicos, para convertirse en un mecanismo que permita «habilitar a las propias personas para hacer efectiva la potenciación de su calidad de vida como un derecho de cada ciudadano». (https://shorturl.at/Kpv9Q).
Todas las leyes generales de la
educación en los países de América Latina resaltan, de un modo u otro, que «Todos
tienen derecho a la educación». (https://tinyurl.com/mu9rtmeh), pero se carece de la
fortaleza y persistencia de los gobiernos para que las políticas públicas,
derivadas de los mandatos constitucionales, garanticen la igualdad y superen la
exclusión del acceso a una educación de calidad para todos. La ley construye el
fundamento, pero son los gobiernos y la ciudadanía los que edifican a la
escuela como constructo teórico y como realidad física, con adecuada
habitabilidad. Gobiernos y ciudadanía forman y evalúan a sus maestros,
garantizan el acceso y permanencia de todos los niños y jóvenes, aseguran los
más adecuados medios educativos, construyen igualdad entre la ruralidad y lo
urbano, y crean los espacios y medios para la formación cívica o ciudadana. Al
menos esa es la expectativa y el deseo generalizado.
En todos esos elementos de
construcción de la escuela, como institución social esencial, existen carencias
y fallas en las políticas públicas, expresadas mediante mandatos de ley,
usualmente bien plasmadas en textos, pero que, del papel o de los bits y bytes,
no avanzan mucho en la concreción de la igualdad, equidad y justicia deseada de
la educación concebida como derecho económico, derecho social, derecho
cultural, derecho civil y derecho político. De ahí resulta expresa la
afirmación de que «el derecho a la educación es el epítome de la
indivisibilidad y la interdependencia de todos los derechos humanos». (https://tinyurl.com/ku4cm8a3).
El derecho a la educación con
calidad para todos, garantizada con políticas públicas efectivas, es un bien
social, ético, político y no sólo jurídico o legislativo. Con frecuencia, resultan ser políticas públicas de temporalidad programada, que fenecen al
finalizar los gobernantes sus períodos constitucionales, eliminando la debida
continuidad. No faltan leyes, faltan las acciones apropiadas de los gobiernos y
el compromiso de la ciudadanía. La participación ciudadana es la base de
ciudadanos educados para alcanzar el bien común. (https://tinyurl.com/5n8ue25j).
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