Las Niñas También Tienen Poder Creativo en Ciencias, Tecnologías y Artes
Las Niñas También
Tienen Poder Creativo en Ciencias, Tecnologías y Artes
Enrique E. Batista J., Ph. D.
https://paideianueva.blogspot.com/
Las mujeres también construyen la
historia y crean ciencias. Estas han sido usualmente presentadas por hombres
que reciben reconocimientos que nublan los aportes de ellas. Existe un inmenso
vacío en la concepción del progreso de la humanidad que necesita ser llenado
mediante el credo de que las mujeres también crean, innovan, participan y
transforman.
Los abundantes destellos del sol de la ciencia
producida por las mujeres han sido eclipsados por científicos hombres, en
ocasiones de manera deliberada; en otras, por abierto desconocimiento o por
deliberado robo de la propiedad intelectual y de los derechos materiales y
morales de autor. Este hecho no ha sido circunstancial; muchos científicos
autores de los despojos han trasegado en sus atropellos con el convencimiento
impropio de que ellas han crecido y vivido en ausencia de quien las defienda,
incluidas las instancias judiciales.
Esa negación del reconocimiento de derechos ha
estado acompañada del prejuicio en el campo académico que resalta que las
mujeres deben seguir profesiones «suaves» y no las de los campos de las
ciencias, ingenierías y tecnologías definidas, sin fundamentos, como reinos
masculinos.
A lo largo de la historia,
numerosas mujeres han sido ignoradas, minimizadas o invisibilizadas en los
relatos oficiales del progreso científico. Dicha tendencia no responde
únicamente a casos aislados, sino que forma parte de un patrón sistemático de
exclusión.
Destaqué en un
artículo anterior el denominado «Efecto Matilda» que se refiere a la
persistente negación del reconocimiento que, en los campos de las ciencias,
tecnologías y otros
espacios de la invención humana, se ha
manifestado frente a la contribución de las mujeres científicas, creadoras,
inventoras e innovadoras. Ante muchas de sus contribuciones y aportes, el
crédito ha sido recibido por hombres. Ha persistido un proceso deliberado para
invisibilizar su presencia en los diversos campos de la creación humana.
Ese
abierto sexismo y misoginia, culturalmente enraizados en todo el mundo,
requiere que, desde las familias y la escuela, se forme a las nuevas
generaciones en actitudes y comportamientos que anulen el mencionado «Efecto
Matilda» con el fin de lograr que niñas y adolescentes reconozcan que ellas
también son creativas y que tienen el derecho a que se les reconozcan y se les permita hacer visibles
sus sustanciales aportes al avance y mejorestar humano, plasmados por
contribuciones en los diversos campos de las ciencias y de las artes. El
estudio de casos puede ser una de las estrategias formativas para anular la
invisibilización sistemática de su inteligencia y de sus creaciones. Se pueden
mencionar y analizar casos y biografías. Algunos, entre muchos ejemplos, son
los siguientes:
Jocelyn
Bell Burnell fue la primera científica en detectar anomalías astronómicas por
patrones producidos por cuásares; en la publicación correspondiente fue
incluida como autora de segunda línea; pocos años después, su asesor de tesis
recibió el premio Nobel de Física. Esther Lederberg
descubrió con su esposo una técnica exitosa de transferencia de colonias
bacterianas; su esposo Joshua Lederberg recibió el Premio Nobel de Fisiología
por las investigaciones en las que su esposa fue igualmente responsable. Conocido
muy bien es el caso de Rosalind Franklin con el descubrimiento de las
estructuras del ADN, pero James Watson y Francis Crick, por las investigaciones
de ella, recibieron el Premio Nobel de Fisiología. Nettie Stevens descubrió
el sistema XY de determinación del sexo, descubrimiento que reveló
que el sexo de un organismo está determinado por los cromosomas y no por
factores ambientales; sin embargo, el descubrimiento fue atribuido a otro
genetista de nombre Thomas Hunt Morgan. Se pueden documentar millares de casos
más. (https://shorturl.at/7JryR, https://shorturl.at/asplD).
Desde
el grado primero de la educación primaria, algunos estudios han constatado que
las niñas se autoperciben como menos inteligentes que los niños; una
preconcepción que tiene gran impacto en su autoestima y en el alejamiento de
campos en los que pueden brillar a la par de los hombres. Se reconoce que en las escuelas las niñas
carecen de referentes suficientemente visibles de su propio sexo, lo cual lleva
a que se construyan y fijen estereotipos y actitudes que las alejan de los
campos de las ciencias y de las matemáticas. En muchos casos, la escuela misma
se torna discriminatoria con una clase de sobreprotección a las niñas que las
lleva a enraizar el concepto de que son menos inteligentes que los muchachos;
así se alejan de los campos de formación denominados STEM. Se ha
afirmado que: «Si no hay más mujeres matemáticas, físicas o
ingenieras, es seguramente porque a lo largo de su crecimiento han recibido
mensajes incesantes incitándoles a desviarse de ese camino». (https://shorturl.at/1iJ7a).
Por los mismos
sesgos, muy bien reconocidos por todos y sufridos por las niñas, se ha pensado
que el proceso de invención corresponde fundamentalmente a la inteligencia
masculina. Ha ocurrido así, no como un mandato de la naturaleza, sino como
resultado de un proceso abierto de exclusión y discriminación de las mujeres
con respecto a sus posibilidades de innovar, de crear, de transformar, de ser
productivas y de recibir el debido reconocimiento por los aportes que realizan,
y pueden entregar, para el desarrollo de sus comunidades y de la sociedad por
medio del ejercicio pleno de sus dotes intelectuales en las ciencias, las
tecnologías o las artes.
El servicio educativo sostiene, mantiene y
nutre prejuicios que se reflejan en muchas actitudes, en reglamentos y
estrategias formativas que desfavorecen la igualdad entre los sexos y alejan a
las niñas y a las jóvenes de los campos científicos, tecnológicos y de la
creación y producción artística y literaria. Uno de los modos de anular el
conocido «Efecto Matilda», y romper con los acendrados prejuicios y
actitudes excluyentes y discriminatorios, está en la puesta en marcha de
compromisos para alcanzar consensos y conciencia colectiva sobre cuáles
creencias, actitudes, acciones y reglas crean y mantienen la exclusión.
Conviene, a partir de tal inspección de conciencia, reconocer que existe el
derecho a la igualdad y que determinadas prácticas escolares deforman,
maleducan y niegan ese derecho en la práctica.
Esas acciones, realizadas como meta de mejora
en los procesos formativos escolares, llevarán a visibilizar el papel que las
mujeres han tenido en la producción y creación humana a lo largo de la
historia; además, se debe, en términos de orientación académica y de desarrollo
personal, crear la conciencia de que existen oportunidades de igualdad en el
acceso a profesiones y ocupaciones científicas y tecnológicas.
No hay que cesar en el esfuerzo de encontrar,
promover y facilitar el desarrollo del talento de cada ser humano que asiste a
una escuela. Tampoco en los esfuerzos para comunicar que las niñas y las
jóvenes pueden aprender a desarrollar su potencial intelectual y creativo
alrededor de las ciencias y de la variedad de campos aplicados reflejados en
muy diversas tecnologías.
En el «Día
Internacional de la Mujer» de 2025, la OCDE indicó que la ciencia, las
tecnologías y la innovación son las máquinas del progreso social que, a la vez,
permiten enfrentar de manera creativa y productiva la multitud de tantos
desafíos globales que se tienen hoy, pero el potencial total de ellas se puede
alcanzar cuando todos, independiente de su género, tienen las posibilidades de
contribuir con soluciones. Una muestra del porcentaje de mujeres inventoras en
2019 en los países de la OCDE, contados sobre el número de inventos de cada
país, muestra un panorama como el siguiente:
Portugal (26.62%), Grecia (21.52%), Colombia (16.25%), Chile (13.25%),
España (14.55%), Estados Unidos (12.39%), Francia (11.33%), México (9.67%) y
Japón (8.14%). (https://shorturl.at/MqqRA).
Si bien se ha incrementado el
número de mujeres que acceden a la educación superior, su presencia en la
fuerza laboral global de la innovación sigue siendo muy baja, lo que refleja
barreras estructurales para que ellas puedan acceder a recursos y
oportunidades para la creación científica y la innovación. A esta situación se
suma el desconcertante hecho de que las mujeres no sólo tienen baja
representación comparativa en los procesos de innovación, sino que es creciente
el número de ellas que abandona ciertos campos, científicos y tecnológicos,
donde su contribución siempre se puede juzgar como esencial para el progreso de
todos. (https://shorturl.at/MqqRA).
Ha
sido muy evidente y bien probado que las contribuciones de las mujeres en la
generación de conocimiento científico, tecnológico, artístico y cultural han
sido minimizadas, ignoradas o invisibilizadas de manera consciente. «Que se
reconozca a las mujeres en la ciencia no sólo es una cuestión de justicia
histórica, sino también un factor clave para el desarrollo del
conocimiento». (https://shorturl.at/A7ajp).
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